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Página Quince Yalena de la Cruz | |
El cubo y la catedral
Reconocer la existencia de Dios da profundidad a la existencia humana
Odontóloga
París fue la ciudad de mis sueños, y sigue siéndolo de mis ilusiones. Entre sus muchas maravillas están las arquitectónicas. Desde algunas de ellas es posible apreciar hermosas vistas de esta encantadora ciudad, como es el caso de la catedral de Nuestra Señora de París, el Arco del Triunfo, las torres Eiffel y Montparnasse, el Gran Arco de la Fraternidad y la basílica del Sagrado Corazón de Jesús en los altos de Montmartre.
La más antigua de las joyas que cité es la catedral, cuya construcción terminó en 1345. Gótica, con un órgano Cavaille-Coll que suena con esplendor en las Misas de Gallo y otras celebraciones especiales, halló también un lugar particular en la literatura universal gracias al romance de Victor Hugo, y por el cual quizás son más famosas aún sus gárgolas, a las que se llega por una estrecha escalera de piedra para apreciar, de cerca, los detalles que, en lo más alto, tallaron quienes la edificaron.
Desafío a las reglas. La construcción más reciente se erigió para conmemorar el bicentenario de la Revolución Francesa: el Gran Arco de la Fraternidad, cúbico, hueco en su centro y con un ascensor que facilita la visita de los pisos superiores. Desafió las reglas de la arquitectura moderna, pues se creía imposible construir un arco de tal forma y dimensiones: ¡en su área hueca cabe, completa, la catedral de Nôtre Dame!
Este hecho, que podría parecer solo una curiosidad, es usado por George Weigel (Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la catedral . ISBN:84-7057-509-0) para analizar si es una simple casualidad el haber construido un arco que subsumiera a la catedral. Su pregunta de fondo es: “¿se puede construir y mantener una comunidad política de carácter democrático, si no existen los puntos morales de referencia que ofrece el cristianismo a la comunidad política para organizar la vida pública?”.
Para seguir su análisis, hay que tener como partida que es el reconocimiento de la existencia de Dios el que da el sentido de profundidad a la existencia humana; para explicar la historia hay que acudir a la cultura, cuyo núcleo es “el culto”: “lo que el ser humano aprecia, estima y venera”; el cristianismo está en las raíces de la historia europea, y el futuro no se construye en el vacío, sino arraigado en el pasado, pues historia es “aquello por lo que los hombres y mujeres respetan, aprecian y aman; por lo que las sociedades piensan que son fieles, nobles y buenas; por la expresión que se da a esas convicciones en el lenguaje, en la literatura y en el arte; por lo que tanto los individuos están dispuestos a poner en juego y arriesgar sus vidas”.
Deliberada exclusión. Weigel analiza el hecho de que la Constitución de la Comunidad Europea, que debió organizar las funciones estatales, definir el ámbito de acción de los tres poderes (ejecutivo, legislativo, judicial) y determinar la relación entre ciudadanos y Estado, en aras de la libertad, la tolerancia, la civilidad y el pluralismo, excluyó deliberadamente toda referencia a Dios en su texto, pues el europeo se convenció de que, para ser moderno y libre, tiene que ser secular. Según él, este hecho amenaza la seguridad, pues los europeos tienen cada vez menos hijos y la mano de obra migrante que ha llenado el vacío poblacional es mayoritariamente de población migrante musulmana, “agresivamente religiosa”. Su conclusión: “nuestra seguridad correrá nuevos peligros en un mundo posterior al 11 de setiembre del 2003, si la demografía de Europa sigue cambiando de modo que proporcione nuevas ventajas a la fuerza del radicalismo islámico en la política mundial”.
Son muchos los temas para análisis, pero por razones de espacio dejo en el tintero, para otro día, el tema que apenas esbocé, relacionado con población, migración, salud reproductiva y seguridad política.
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