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Óscar Álvarez Araya |
El pueblo es el soberano
La comunidad de hombres libres define las autoridades y el régimen político
Escritor y politólogo
A los humanistas de la Escuela Española del Derecho Natural les quedó el mérito de haber subvertido la legitimidad de las monarquías absolutas fundadas en el “Derecho Divino de los Reyes” y establecer las bases de una nueva legitimidad del poder político que nace del “Derecho de Gentes”, es decir la soberanía del pueblo.
En fin, los “iusnaturalistas” españoles pusieron los cimientos de la nueva legitimidad de las repúblicas democráticas modernas, mucho tiempo antes de que lo hicieran el inglés Juan Locke, el ginebrino Juan Jacobo Rousseau y otros doctrinarios de las revoluciones liberales.
Francisco de Vitoria nació entre 1480 y 1486 en Burgos o Vitoria. Ingresó a la Orden de los Dominicos y se formó en París donde obtuvo su doctorado en Teología en la Sorbona. Fue profesor primero en París, luego en Valladolid y finalmente en la Universidad de Salamanca. Se le ubica en la tradición escolástica y en la Escuela española de Derecho Natural. Junto a Erasmo de Rotterdam fue iniciador del humanismo cristiano y algunos estudiosos lo consideran también el fundador del Derecho Internacional.
Derecho natural. Dijo que todos los seres humanos tienen igual naturaleza y, por tanto, igual dignidad. De la comunidad mundial no puede excluirse a ningún Estado o persona. De allí concluye que los aborígenes de América encontrados por los españoles y portugueses a partir de 1492 son seres humanos protegidos por el derecho natural y deben ser tratados como tales.
Además sostuvo que el derecho natural es fuente de soberanía, la cual se encuentra en todos los pueblos sin excepción alguna, sentando así las bases de una doctrina de soberanía popular. Vitoria falleció en 1546 pero su pensamiento tuvo discípulos, en primer lugar el defensor de los aborígenes, Fray Bartolomé de las Casas.
Luis de Molina, otro profesor de Salamanca había nacido en Cuenca, España en 1535 y defiende las ideas de Vitoria. Dijo que en toda república existe el pueblo y el gobernante, quien obtiene la soberanía por medio de una transferencia popular. El pueblo recobra la soberanía al quedar vacante el puesto de gobernante y la vuelve a entregar a otro nuevo. Asimismo, el que gobierna está limitado en sus acciones por el derecho natural. De Molina entonces promovió la soberanía popular en el marco del respeto al derecho natural.
Otro discípulo de Vitoria fue Francisco Suárez, nacido en Granada en 1548. Ingresó a la Compañía de Jesús y estudió Teología y Leyes en Salamanca. Fue profesor universitario en Roma, Coimbra y Salamanca. Se le ubica en la escolástica y en la Escuela española de Derecho Natural.
El bien común. Según Suárez la comunidad política nace con un pacto expreso o tácito de los seres humanos para ayudarse mutuamente. La meta de dicha comunidad es conseguir el bien común, idea que viene de Aristóteles. Los hombres (escribió) fueron creados por Dios libres y la comunidad política constituida por hombres libres tiene la potestad de definir las autoridades políticas y el tipo de régimen político. Finalmente, entonces, el pueblo es el soberano. La doctrina del jesuita granadino critica el “Derecho Divino de los Reyes” y traslada la soberanía desde el monarca absoluto hasta el pueblo.
Su idea de un pacto creador de la comunidad política es precursora del contrato social de Locke y Rousseau y su tesis de la soberanía popular anuncia la llegada de las ideas democráticas. Suárez falleció en 1617 y también tuvo discípulos.
Uno de ellos fue San Roberto Belarmino, quien nació en Italia en 1542, ingresó a la Orden de los Jesuitas y enseñó en las universidades de Lovaina y Roma. Fue, sobre todo, un luchador contra las monarquías absolutas reinantes en la época inspirándose con las ideas de la Escuela de Salamanca, especialmente las pregonadas por Francisco de Vitoria y Francisco Suárez.
El gobierno debe provenir del pueblo, del “derecho de gentes” en términos de Vitoria. Y la multitud tiene el derecho de cambiar la monarquía en aristocracia o en democracia, o viceversa. El pueblo es el soberano y puede escoger el régimen político que más le plazca, incluido el democrático.
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