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Rodrigo X. Carreras |
Anápolis: de Mahan a Abu Mazen
El precio de la paz son concesiones dolorosas pero posibles
Diplomático
Los costarricenses somos, gracias a Dios, ajenos al pensamiento estratégico y geopolítico. Rara vez evaluamos correctamente nuestra riqueza marítima y menos el valor estratégico planteado en los mares. Para los que hemos experimentado el placer de estar en Anápolis, a la vez una comunidad floreciente y la Academia de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, no podemos evitar pensar, entre otros, en el almirante Mahan, quien dio pie a una de las grandes escuelas de lo que se llamaba la geopolítica.
A diferencia de Mackinder, que consideraba que el dominio del mundo estaba en el dominio del centro de Europa, el Almirante planteaba el dominio de los mares y de los estrechos. Este pensamiento formó la historia del Caribe y del Pacífico. También se nos olvida que somos un país caribeño por excelencia. Por algo el maestro Juan Bosch disertaba en Coronado, en la casa cural y en el Instituto de Educación Política sobre el futuro de lo que llamaba: “Caricia”.
Hoy Anápolis llega a nuestra mente de nuevo, pero como una esperanza de paz en Israel y en lo que un día puede ser Palestina, si escuchan a Abu Mazen – nom de guerre del presidente de la Autoridad Palestina, Mohamed Abbas–. Este hombre valiente fue el primero en negociar y llegar a acuerdos con Yossy Beilín, uno de los hombres más ilustrados de la izquierda israelí, sobre el futuro de Jerusalén como ciudad que tuviese el parlamento israelí –la Knesset equidistante al Templo del Monte– o explanada de las mezquitas de Omar y de Al Aqsa del parlamento palestino en Abu Dis. En Camp David estos puntos álgidos de negociación estaban resueltos en buena parte gracias a la equidistancia.
Existe la esperanza de que por la presencia esta vez, a diferencia del Camp David del presidente Clinton, de una sólida representación de países de la Liga Árabe, para evitar los malentendidos que se dieron en Camp David en la mente del presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat. Existe también, por otra parte, la importante duda sobre el respaldo de un idealista del nivel de Abu Mazen, hoy presidente de la ANP, que debe enfrentar retos a su autoridad al haber perdido el dominio sobre Gaza ante el reto intolerante de Hamás que, junto a los iraníes, amenazan con boicotear cualquier arreglo de paz.
La presencia saudita en Anápolis es significativa por su apoyo a Hamás en aspectos concretos importantes. Se duda de si esta presencia será motivo para Hamás de frenarse teniendo el respaldo Iraní y que tanto los príncipes petroleros sauditas sienten la amenaza de otros grupos extremistas más cercanos como al-Qaeda que puede afectar las delicias de un petróleo una vez más en niveles de 100 dólares o la barrera sicológica que Jorge Castañeda nos recuerda no es más que el precio real del barril en 1980 cuando acababa de caer el Sha en Irán.
Presencia de Hamás. El problema es desde luego muy complejo ya que hoy la presencia de Hamás –y del Jihad Islámico– convierte el problema en uno de radicalismo y fundamentalismo islámico frente a un secularismo representado en Fatah. Nos recuerda los viejos NO de El Cairo antes de Sadat en los viejos tiempos de la Liga Árabe cuando hoy Hamás, que rechaza cualquier reconocimiento de la existencia del Estado de Israel, controla la parte más pobre, pero con promesas de acceso al mar Mediterráneo, mientras Fatah controla, supuestamente, la margen occidental del río Jordán.
Para Israel es importante que Hamás no llegue a controlar la margen occidental y fortalecer a Fatah. Son muchas las diferencias entre la margen occidental, que había sido dominada por Jordania y la franja de Gaza dominada por Egipto desde la guerra de independencia de Israel en 1948. En efecto para los Sirios lo que sería Palestina era visto como Siria del Sur y por Egipto como parte de la República Árabe Unida.
Para los jordanos simplemente habían incorporado la margen occidental del Jordán como territorio propio. Ninguno de los dominantes dio autonomía ni independencia a Palestina haciendo de sus “ciudadanos” una masa de refugiados. Pero la culpa, según la UNRWA y muchos entendidos, es de Israel…
La historia no tiene compasión y el reto de hacer la paz le corresponde a otro Ehud. Ehud Olmert, a diferencia de Barak, no tiene un récord de estrategia y de liderazgo y es criticado por los resultados de la reciente guerra en el Líbano contra Hezbollah. Enfrenta otros problemas internos. Le corresponde llegar a concretar a Abu Mazen, enfrentado a la insurgencia de Hamas por tener la valentía que no tuvo el Premio Nobel de la Paz Arafat.. La historia no obstante da oportunidades para la paz a adversarios extremos para alcanzar como Beguin y Sadat una relación armónica. Esto es después de todo el objetivo de la diplomacia. No es posible la paz como un valor supremo. Un Sharon, hoy incapacitado por su estado lamentable hubiese tenido un músculo político que Ehud Olmert puede quizá lograr en acuerdos con su gobierno en que están Shimón Peres y Ehud Barak.. El precio de la paz para ambos actores son concesiones dolorosas, pero posibles con imaginación.
Esperanza y justicia. Hoy Anápolis inicia con promesa de nuevo la esperanza que tuvimos en Camp David que culminó en una etapa de violencia al no aceptar uno de los participes una solución del 97% de ganancia y compensación territorial por el otro 3%. Al presidente Arafat no se le apartaban de su mente las imágenes de la muerte de un gran hombre que viajó a Jerusalén y habló ante la Knesset: el presidente Saddat.
Para hacer la paz se requiere valor como el de tanto mártir. Hoy en día la geopolítica como tal no tiene la importancia que tenía en tiempos del almirante Mahan y de Mackinder. Los avances científicos y tecnológicos han hecho que para dominar el mundo se necesita acceder las esperanzas de justicia y de necesidades humanas. Para la mayoría de la población palestina e israelí no existe ya disposición a sufrir más violencia. Las soluciones demandan gran imaginación de pensamiento creativo y posible en el mundo de hoy.
Lástima que el país que ha puesto a prueba, desde 1948, las enseñanzas de todas las escuelas de pensamiento, desde Tucídides, con un país sin ejercito consagrado a la paz, esté una vez más ausente totalmente de un diálogo de paz como el de Anápolis, en que la historia lo había llamado y tenía un aporte que hacer con su experiencia de desarmado por su voluntad. Con el mundo de hoy, del Caribe al Medio Oriente no hay más que un lago.
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