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Mario Mondol García |
La Perla del Pacífico
Después de muchos avatares, Puntarenas floreció en el siglo pasado
Historiador
Al puerto de Puntarenas, en reconocimiento a su belleza natural, a sus maravillosos atardeceres, a las tranquilas aguas que bañan su playa, a la longitud de su playa de suaves arenas; por haber sido durante mucho tiempo el principal lugar de veraneo de las familias de la meseta Central; al encanto de sus mujeres y a la simpatía de su gente, se le conoce como la “Perla del Pacífico”.
A pesar de que la oferta turística se ha diversificado en el país, la visita al puerto de Puntarenas sigue siendo obligatoria, aunque sea por unas horas, ya sea para bañarse en el mar, refrescarse con una agua de pipa, tomarse un “churchill”, comprar un vigorón en hojas de almendro, atravesar “La Angostura”, conocer el “Parque Marino”, admirar algún crucero, ir de pesca al “Muelle”, o simplemente recorrer el “Paseo de los Turistas” hasta llegar a “La Punta”.
De acuerdo con estudios de don Cleto González y de don Carlos Meléndez, la lengüeta donde esta situado el puerto de Puntarenas, es una zona de formación reciente. A la llegada de los españoles a Costa Rica en 1502, la lengüeta tal como hoy la conocemos, no existía. Su configuración fue el resultado de la acumulación de arenas como consecuencia de la acciones de los vientos alisios, de las aguas del mar, en relación directa con los sedimentos arrastrados por los ríos Barranca, Aranjuez, Naranjo, Ciruelitas, Guacimal; de esta manera se fueron conformando lentamente bancos de arena, que con el correr de los años, fueron dando forma a la lengüeta. Es muy posible que fuera en la primera mitad del siglo XVIII cuando la sección de La Angostura uniera definitivamente esos terrenos con tierra firme.
Lengüeta. En esos años, a la lengüeta se le designaba como Punta de Arenas, y llegaba hasta la Puntilla, nombre inicial de la Plaza de los Caites, donde hoy está el gimnasio Municipal; hacia el oeste había un playón, y a continuación varios bancos de arena que emergían de las aguas, poniendo en peligro los barcos veleros que nos visitaban. Este proceso de conformación de la lengüeta continúa hasta el día de hoy.
Bien dice don Carlos Meléndez: “por estas razones no debemos extrañarnos de que Puntarenas no sea mencionada como puerto, sino hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Si antes no se le cita, es porque el proceso estaba incompleto y presumiblemente la sección de La Angostura todavía no existía… Apenas reunió las condiciones requeridas, el puerto de Puntarenas, absorbió el comercio del golfo, no utilizándose los otros sitios portuarios coloniales”, como el puerto de la Caldera.
En un principio se levantaron apenas algunos ranchos en el puerto, hacia el lado del estero, que era donde existía la mayor actividad comercial. Tiempo después, se hicieron las primeras cabañas hacia el lado de la playa, y fueron estas de carrizo y paja.
Exportaciones. En 1787, la Junta Superior de Tabacos de Guatemala, acordó autorizar la siembra de tabaco del Reino de Guatemala, de manera exclusiva a la provincia de Costa Rica. La medida vino a dinamizar las actividades comerciales de la lengüeta; ya que, por Puntarenas se exportaba el tabaco a las otras provincias del Reino.
De esta forma Puntarenas, a finales del período colonial, se convierte en el puerto más importante de Costa Rica. Se inicia la construcción de los primeros edificios. Sin embargo, en esos años, la vida de sus escasos pobladores seguía siendo de muchas carencias; no se contaba ni con iglesia, ni siguiera se tenía una ermita, la costumbre era que las misas se celebraban en las galeras.
Dice don Carlos Meléndez: “En 1797 se requirió al padre Hermenegildo Rodríguez, cura de Esparza, para que dominicalmente fuera a dar misa en el Puerto, pero este se excusó de hacerlo, manifestando no ser conocedor de la zona, no hallarse en ánimo de estar pasando el río Barranca y, además, no poder desatender su servicio dominical en el lugar en donde estaba destacado”.
Mejores aires tendría la “Perla del Pacífico” en el siglo XIX.
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