Entrevista
Muhammad Yunus
Premio Nobel de la Paz 2006
Edad: 67 años Profesión: Economista
‘Los pobres son como bonsáis: crecen hasta donde pueden’
Muhammad Yunus es un economista de Bangladesh conocido en el mundo como el banquero de los pobres. En 1976 creó el Banco Grameen, que empezó a prestarle dinero a personas que no podían devolverlo –en su gran mayoría mujeres– para que ellas desarrollaran proyectos y sacaran adelante a sus familias. Por esta razón recibió el Premio Nobel de la Paz en el 2006.
El profesor Yunus es un idealista que no pierde ocasión para sonreír. Habla rápido y con pasión, como si temiera que el aire se le acabe antes de contagiar a otros con su deseo de ayudar.
Él sabe muy bien que los pobres existen, pues convive con ellos en Bangladesh, pero se niega a aceptar que la pobreza sea parte de la naturaleza humana.
Este es un extracto de una conversación que sostuvo ayer en la mañana con La Nación .
Usted ha dicho que la pobreza es una creación artificial. ¿Por qué piensa así?
La pobreza no pertenece a la naturaleza humana. Es algo que viene desde afuera, que es impuesto por la sociedad.
“Yo uso como ejemplo los bonsáis. Usted puede tomar el árbol más alto y meterlo en un contenedor pequeño donde solo puede crecer hasta cierta altura. Luego, sería ilógico preguntarse: ‘¿Qué hay de malo con este árbol que no crece como los otros?’. Las personas pobres son como esos bonsáis: crecen hasta donde pueden. La sociedad nunca les concedió el espacio que necesitaban para desarrollarse y crecer”.
¿Cómo nació su interés de ayudar a los pobres?
Porque están en todas partes en Bangladesh. Uno sale y los ve por todos lados, y ve su miseria y necesidad. Mi interés nació cuando me preguntaba por qué hay algunos ricos y tantos pobres.
“Uno cree que los pobres no trabajan mucho o que quizás no son tan inteligentes. Sin embargo, cuando uno se acerca, se da cuenta de que trabajan muy duro y muchas más horas que los ricos, y que necesitan un pequeño apoyo: una oportunidad”.
¿Los microcréditos son esa oportunidad? ¿Cómo funcionan?
Los construimos como créditos para personas pobres, focalizados en mujeres. Son préstamos que se otorgan a los pobres sin necesidad de papeles, garantías ni abogados. La razón por la que se los damos a las mujeres, y no a los varones, es porque se comprobó que así el dinero pasa a beneficiar a los niños y a las familias. Funcionó así en Bangladesh y también en todo el mundo.
“Las mujeres pobres son unas administradoras extraordinarias y vuelcan todas esas habilidades en una pequeña cantidad de dinero con una visión hacia el futuro”.
¿Cómo se le ocurrió que los microcréditos podrían funcionar?
En un inicio yo no tenía esa idea. La palabra microcrédito ni siquiera existía. Yo sólo pensé en salir de la universidad y hacer algo útil por la gente que vivía en las aldeas.
“Todo lo que tenía cuando empecé eran $27. Ese era mi dinero y lo cedí en préstamo, sin saber si regresaría. No pensé nada más allá de esta acción. Parecía una cosa insignificante, pero me cautivó la reacción de la gente. Ellos me miraban como si yo les hubiera concedido un milagro. ¿Por $27 me convertí en un ángel? ¿Por qué no hacer más?
“Con esa idea en mente, me fui a los grandes bancos y me dijeron que prestar dinero a los pobres no era la labor de un banco. Así comencé con mi propia iniciativa”.
¿Cómo funcionan los microcréditos en un mundo globalizado, regido por el Banco Mundial y miles de tratados comerciales?
¡Funcionan! Sé que suena extraño lo que estamos haciendo. Resumiendo, podría decir que nosotros hacemos exactamente lo contrario de los bancos convencionales. Ellos les dan dinero a los ricos, y nosotros a los pobres. Ellos les prestan a los hombres, y nosotros a las mujeres. Ellos operan en las ciudades y esperan que la gente llegue a su oficina para hacer negocios. Nosotros funcionamos en las aldeas humildes y visitamos los hogares proponiéndoles soluciones a los pobres.
“Finalmente, ellos exigen que las personas tengan algo que dar como garantía y hasta mandan a los abogados para poder comprobarlo. Al contrario, nuestro trabajo se basa solo en la confianza.
“Es un fenómeno que los microcréditos funcionen. Sociólogos y antropólogos pueden dialogar por horas sobre esto. Para mí, el tema es que funcionan en Asia, en África y también aquí en Costa Rica”.
¿Podría darme algunos ejemplos exitosos?
En Bangladesh, el dinero que se presta se invierte sobre todo en la crianza de pollos. Primero son cinco aves, luego 10 y así hasta llegar a cientos. Aquí en Costa Rica sucede lo mismo y el dinero se utiliza también para la crianza de cerdos.
“Los animales se alimentan, se hacen crecer, se matan y se venden en el mercado. El negocio funciona muy bien y ellos obtienen recursos para devolver el dinero prestado”.
¿Alguna vez pensó que su idea ayudaría a tanta gente y obtendría un premio Nobel por ella?
¡Claro! Sabía que ayudaría a mucha gente y eso quería: dar oportunidades a personas que parecían no tenerlas. Los esfuerzos por sacar a las personas de la pobreza son los que fueron honrados por el Nobel.
¿Cuál es el concepto de paz que usted promueve?
La idea que siempre trato de explicar es que la pobreza y la paz no pueden ir juntas. La pobreza es una amenaza para la paz. Es un soporte natural para la desnutrición, los desórdenes sociales y el terrorismo. Si se está con hambre y alguien te da un arma a cambio de comida, la negociación es más sencilla. Ahí no importa quiénes pelean o a quién hay que matar. Lo que importa es ser leal a quien te alimenta.
“Muchas organizaciones terroristas reclutan a sus aliados en las familias más pobres ofreciéndoles comida para sus hijos o madres”.
¿Se puede replantear la economía y modificar la relación actual entre ricos y pobres?
Sí, por supuesto: es posible replantearla. Hay que lograr que las instituciones bancarias migren hacia un sistema más inclusivo. El concepto actual de economía es muy restrictivo y el negocio es únicamente hacer dinero. El asunto es que se olvida de la gente.
“Los seres humanos no somos máquinas de hacer dinero, somos más que eso. Somos seres que compartimos y cuya naturaleza es solidaria, y esa parte no es parte de la concepción actual de la economía. Hay que promover una economía donde el negocio esté en hacerles el bien a otras personas. Hay que cambiar el negocio donde a nadie le importa qué pasa contigo, sino solamente qué pueden obtener de ti.
“Es necesario hacer negocio para hacerle bien a la gente. Eso no es difícil, ese sentimiento está en el corazón de los seres humanos y solo hay que dejarlo aflorar.
“Nosotros creamos una empresa de yogur en Bangladesh. No es un proyecto rentable, pero les hace bien a los niños. Si logramos que coman dos yogures a la semana, los estaremos manteniendo con salud y ese es nuestro negocio”.
FOTOS

Eddy Rojas
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | | TARIFARIO DE LA NACIÓN | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |
||||