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Grettel Paniagua Varela | grettel_cd@yahoo.com.mx |
El artedel vicio
Relacionista internacional
Flojo favor hacen al tico actitudes tan desprovistas de entereza como conformismo, aplazamiento de decisiones, cumplimiento de deberes hasta última hora o la memoria mágica que olvida en 3 días acontecimientos de gran impacto, no solo en lo nacional sino lo personal, y que debiera proveernos de la investidura necesaria para la disciplina, la honestidad y el crecimiento.
Hace unos días, mientras viajaba en un apretujado bus, una de mis ocasionales vecinas departía con su amiga sobre cómo iba a incapacitarse del trabajo durante 3 días para ir al concierto de un afamado boricua, como si para ir a un concierto nocturno se necesitara declararse enfermo por 3 días, pese a estar saludable, y valerse de la consanguinidad (y vergonzosa complicidad) de alguien que era compañero suyo en la institución estatal donde trabaja, y siempre le hace “el favorcito” (guiño de ojo incluido hacia su interlocutora) en tan venturosas andadas.
Corruptos favores. En línea similar, recibí una llamada de alguien que me dijo que para apresurar un trámite que empecé y que no tardara legalmente una semana, puedo pagar $100 a un amigo suyo “que solo por ser mi amigo acepta hacer el favor a algunos de nuestros clientes por medio de tan modesto pago; una persona acaba de pagarme $200 y ya tiene dos trámites liberados”.
Supongo, por su voz fría al final, que no esperaba mi molesta reacción de “hágame el favor y se apresura usted legalmente con su trabajo y mande los documentos necesarios porque un cinco no le voy a dar ni a usted ni a su amigo, aquí esperaré la semana completa”.
El arte del vicio (de hacer la vista gorda, de ser mediocres, acomodadizos, incrédulos, confianzudos y choriceros) dilapida los valores más elementales de la ética y constituye una actitud vergonzosa y condenable. Pillo no solo es quien oferta el negro negocio, sino quien lo promueve mediante el pago o el silencio cómplice porque “de por sí todo el mundo lo hace”.
Con dignidad. En la iniciativa diferenciadora de no equipararnos con actitudes de tal origen empieza el otro arte, el de la justicia para detener sin contemplación a quienes se aprovechan de una posición para beneficio propio o el de sus semejantes, olvidando el hecho tan simple de servir con dignidad.
Bien dijo San Agustín que la virtud es el arte de vivir bien y con rectitud. Cuando falta, nada se posee porque el grado de corrupción impide contar ya con esa persona dentro del engranaje de la sociedad como motor del progreso y el bienestar generales. De tal suerte que urge combatir este perverso arte del vicio y, ante todo, procurar una vida de humildad y entereza incorruptibles por el bienestar propio y el de la patria.
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