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Daoud Kuttab |
La otra mitad del proceso de paz
No se deben expropiar ni construir nuevos asentamientos
Daoud Kuttab actualmente es profesor invitado en la Universidad de Princeton. Su e-mail es info@daoudkuttab.com Copyright: Project Syndicate, 2007.www.project-syndicate.orgTraducción de Claudia Martínez
PRINCETON – Los funcionarios norteamericanos suelen invertir una enorme dosis de energía en destacar el “proceso” en el “proceso de paz” de Oriente Medio. Recién en los últimos 18 meses de un segundo mandato presidencial o después de un compromiso militar en Oriente Medio, Estados Unidos empieza a preocuparse realmente por la “paz”.
Este patrón parece ser válido para la conferencia de paz de Oriente Medio patrocinada por Estados Unidos que se llevará a cabo la semana próxima en Annapolis, Maryland. Hoy hay algo distinto y es que, a diferencia de la Conferencia de Madrid después de la Guerra del Golfo liderada por Estados Unidos en 1991, el esfuerzo actual se produce después de una percibida derrota norteamericana en Iraq.
Suponiendo que la administración Bush es seria en sus esfuerzos actuales, Estados Unidos debe tener un plan B en caso de que fracasen las conversaciones. Para los palestinos, la principal preocupación es evitar las repercusiones negativas en caso de que efectivamente fracasen. A diferencia del ex presidente Bill Clinton, que culpó a Yaser Arafat por el fracaso de las conversaciones de Camp David en 2000, la administración Bush debe cumplir con su compromiso de no señalar con el dedo o permitir que cualquiera de los bandos utilice el fracaso para fomentar sus objetivos estratégicos.
Los negociadores palestinos siempre tuvieron que equilibrar tres cuestiones: derechos históricos, realidades actuales y el precio de usar su poder de veto. Para los palestinos, las palabras claves para los derechos históricos –liberar la tierra palestina, asegurar el derecho de regreso de los refugiados e insistir en un estado verdaderamente independiente– son “legitimidad internacional”. Tanto para la OLP como para Hamás, esto se refiere a varias resoluciones de las Naciones Unidas y a la opinión pública internacional, que equivalieron a poco más que falsas alabanzas de parte de las potencias occidentales y los líderes árabes e islámicos, cuyos pronunciamientos plantean falsas esperanzas, tentando a los negociadores palestinos a endurecer sus posturas.
Realidad palestina. Las realidades actuales que los palestinos deben considerar incluyen su desequilibrio estratégico, político y económico frente a Israel y Estados Unidos, la realidad de la ocupación y los desafíos de la vida en la diáspora. Por ejemplo, las políticas duras de Israel para hacer frente a la intifada de 1987, sumadas al boicot de la OLP por parte de los países árabes ricos en petróleo (por no haber podido oponerse a la ocupación de Kuwait por parte de Sadam Husein) representaron una poderosa toma de conciencia para la conducción palestina.
Finalmente, los negociadores palestinos deben considerar las consecuencias de usar su carta de negociación más valiosa –la capacidad de rechazar un posible mal acuerdo- en términos de su efecto directo en los palestinos y la fuerte posibilidad de una expansión continua de los asentamientos judíos en tierras palestinas.
El difunto Haider Abdel Shafi proclamó repetidamente uno de los principales problemas de los Acuerdos de Oslo: que no aseguraron la interrupción de la expansión de los asentamientos en el período interino o si las conversaciones sobre el status final fracasaban. En Camp David II, el ex primer ministro israelí Ehud Barak inteligentemente insistió en que la primera cláusula de su oferta incluyera la aceptación del fin del conflicto, lo cual era un problema para los palestinos, dado que los derechos históricos seguían sin resolverse. Arafat utilizó su poder de veto y bloqueó un acuerdo, pero no pudo predecir las consecuencias.
Acuerdo amplio previo. Esta vez, los negociadores palestinos insisten en que no piensan comprometerse en negociaciones importantes. Sostienen que las posiciones aceptables en Taba (tras el fracaso de Camp David II) deben ser la base de cualquier acuerdo, y que lo que debe negociarse ahora es el cronograma para la implementación. Respaldados por un plan de paz árabe razonable, insistirán en que ya existe un consenso mundial respecto del restablecimiento de las fronteras de 1967 (con ajustes mutuos de tamaño y calidad), la necesidad de un trato justo con los refugiados y una fórmula para compartir Jerusalén.
En consecuencia, los negociadores palestinos revirtieron su postura respecto del enfoque paso a paso en las negociaciones –un enfoque que resultó ser desastroso, ya que fue explotado por radicales en ambos bandos y les dio a los israelíes tiempo para construir más asentamientos ilegales–. Ellos insisten en que debe alcanzarse un acuerdo amplio (por escrito)antes de las conversaciones.
Entre los palestinos abundan los temores de otro espasmo de violencia si no se llega a un acuerdo antes de Annapolis y fracasa esta ronda de conversaciones. Pero lo que es de crucial importancia para los palestinos es que, no importa el desenlace, no se deben construir nuevos asentamientos y la expropiación de la tierra debe terminar.
La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, dijo que la creación de un Estado palestino es un componente de la seguridad nacional de Estados Unidos. Pero un Estado palestino no surgirá ni ahora ni en diez años si Israel sigue construyendo asentamientos en zonas proyectadas para ser parte de él.
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