Costa Rica, Domingo 2 de diciembre de 2007

/OPINIÓN

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Fernando Araya

‘Pensamiento débil

 “Golpea tu corazón, que en él está tu genio ” —Stuart Mill

administrador de negocios

En el año 1913 se publicó en ArgentinaEl hombre mediocre , un ensayo de crítica social, escrito por José Ingenieros, cuyo contenido se centra en el análisis de aquel que “ …nos rodea a millares… y se reproduce en el silencio y en la tiniebla… el mediocre ” (Ingenieros, op. cit., 2000, pág. 40); la dañina influencia de este personaje resulta más grotesca cuando se disfraza de intelecto y academia. Esto recordé al enterarme de que al Dr. Enrique Pedro Haba, no se le otorgó la condición de profesor emérito, decisión que sintoniza con la extendida mediocridad que carcome la educación costarricense y con su consecuencia directa: el “pensamiento” débil, matriz inspiradora de no pocas resoluciones, pronunciamientos, discursos e ilustradas conciencias que idolatran el odio y la violencia, pero se disfrazan de amor, solidaridad y justicia. Imposible comparar el contenido expuesto en los escritos de Haba con ese despliegue de disfraces; pertenecen a mundos distintos: en el primero reinan el esfuerzo permanente, el método y la sistematicidad; en el otro, a lo sumo, los balbuceos de infantes acompañados de barricadas e insultos, medianía fragmentaria y espasmódica.

I. MEDIOCRIDAD El rasgo distintivo de esa medianía – en adelante mediocridad – reside en el hecho de que las personas se diluyen en instancias colectivas, sin mostrar ninguna característica diferenciadora de fondo, lo que las lleva a reiterar, hasta el infinito y sin el menor atisbo de innovación, la misma forma de hacer las cosas, los mismos lenguajes y las mismas ideas, no importa cuántas veces cambie el mundo y sus circunstancias. En el clima de la mediocridad el individuo “…es una sombra proyectada por la sociedad… está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos… útiles para la domesticidad…” (Ingenieros, op. cit., 2000, págs. 47-48). Frente a este personaje se encuentra aquel que “…desadaptándose del medio social en la medida de su propia variación”, es “…precursor de nuevas formas de perfección, piensa mejor que el medio en que vive y puede sobreponer ideales suyos a las rutinas de los demás…” (Ingenieros, op. cit., 2000, pág. 48).

II. CUENTISTAS, HOLISTAS Y ADIVINOS ¿Qué tipo de “pensamiento” se origina en la mediocridad? Uno que permanece en lo superficial, se expresa en consignas y generalidades (‘totalidades holísticas’, así las llaman), carece de prueba para sus asertos, no es metódico, ni sistemático, ni verificable, y se despreocupa del contenido empírico/experimental y analítico de sus postulados, complaciéndose en su condición de malabarismo verbal que inventa dogmas para consolarse y sucumbir en ellos. Así es el “pensamiento” débil, una farsa monumental sufragada con dinero público, mirada con lástima y misericordia, mientras sus representantes se creen sabios y dignos de admiración.

En sus andamios se encuentran alambicadas e incomprensibles fantasías, algunas de ellas denunciadas por Alan Sokal y Jean Bricmont enImposturas intelectuales, a través de las cuales, por ejemplo, ciertos cuentistas sociales utilizan “…ideas científicas sacadas por completo de contexto, sin justificar en lo más mínimo ese procedimiento…,” o, en su defecto, lanzan“…al rostro de sus lectores no científicos montones de términos propios de la jerga científica, sin preocuparse para nada de si resultan pertinentes, ni siguiera de si tienen sentido… ” (Sokal, Alan y Bricmont, Jean, op. cit., 1999, pág. 14). El uso impropio, descontextualizado, de vocablos científicos, físico/matemáticos, para explicar hechos sociales, es un fenómeno común en los laberintos de la mediocridad, que en la suma del absurdo postula a Cristo como precursor de las dictaduras y declara a las partículas elementales, al supertiempo, al superespacio y a los universos paralelos, novísimos ingredientes del “pensamiento” social continental. Todo esto sin lógica y sin prueba, mezclado, en los casos más desequilibrados y bufonescos, con consultas sociopolíticas a los oráculos (Tarot, I Ching, Runas, espíritus, etc) Lamentable, ¡en las cavernas del “pensamiento” débil se vive de aspavientos y de espectros! Los planteamientos de muchos costarricenses, situados en la academia y fuera de ella, constituyen la antítesis de semejantes alucinaciones.

III. MEDIOCRACIA ¿Cómo ha sido posible la inserción del “pensamiento” débil en la educación costarricense? Una causa es la transformación de las mediocridades individuales en pautas colectivas de comportamiento, es decir, en un engranaje de ideaciones, decisiones, costumbres, prácticas, normas y procedimientos, donde coexisten, se articulan, se protegen, autoprotegen y ocultan las incompetencias que dormitan bajo el alero protector del sistema así construido. Cuando esto ocurre, surge la mediocracia que sustituye las ideas con un carnaval retórico disfrazado de inocencia y una burocracia que rinde culto a la ineficacia. Antes que estimular el ejercicio metódico de la razón, la mediocracia cultiva estratagemas administrativas para amarrar bien el feudo, acumular puntos, permanecer inerte hasta la muerte y resguardar el pequeño rincón de las incompetencias, los maquiavelismos, las chismografías del poder, los prefabricados fetiches de turno y los infaltables elogios al dictador de moda. “Toda excelencia desaparece, eclipsada por la domesticidad. Se instaura una moral hostil a la firmeza y propia al relajamiento”, (Ingenieros, op. cit., 2000, pág. 188) Algún día caerán los mitos de la mediocracia académica y se revelarán los salvajes egocentrismos de sus posturas solidarias, amorosas y alternativas.

IV. ELEGIDOS Uno de los componentes típicos de la mediocracia es la creencia de que un segmento de los seres humanos posee el conocimiento necesario para dirigir al resto, sumido este en la más oprobiosa de las ignorancias. Los seguidores de semejante “conciencia ilustrada” se creen profetas de una misión de salvación universal cuyo propósito es emancipar a la humanidad (nadie sabe cómo ni por quién fueron elegidos para tan alto destino). Tales personajes se presentan como voceros de algo que denominan “análisis crítico, alternativo” (que solo ellos entienden y monopolizan) o encarnaciones de la voluntad ciudadana (que solo ellos conocen e interpretan). Estos primitivismos se encuentran en la base de lo que se ha denominado “concepción medicinal o misionera” de las ciencias sociales, según la cual estas están predestinadas a transformar la vida cotidiana de las personas. Lo académico, desde tal tesitura, no se justifica por su misión formativa o el cultivo sistemático de una cultura científica e investigativa, sino por su supuesto aporte, ‘general’, a la transformación, también ‘general’, de la sociedad. El ‘pensamiento’ débil es experto en generalidades vacías, pero por completo torpe cuando se trata de resolver problemas concretos. De este modo se desnaturaliza el carácter y objetivos de la educación al convertirla en un apéndice de lo político e instrumento de divulgación ideológica y activismos.

Desmitificar el “pensamiento” débil constituye uno de los desafíos más importantes de nuestro tiempo. ¿Terminarán las barricadas, los gritos, las iracundas gesticulaciones faciales, los insultos en los que acostumbra traducirse ese nivel de inteligencia y el oportunismo de académicos que ahora se han transformado en políticos patriotas? Es probable que algunos prefieran tales atavismos, pero en las comunidades del conocimiento, más temprano que tarde, desaparecerán todas sus apariencias de cientificidad y poses de seriedad pedagógica, que no son otra cosa más que malabares de gestión administrativa y parafernalia aduladora, cuya función es consolidar feudos, aparentar sabidurías, mantener vigentes superfluas actividades especulativas y, en el acto supremo de la decadencia educativa, crucificar al conocimiento en el altar de algún fanatismo. Como un acto de libertad frente a tanta falsedad teñida de intelecto, con Stuart Mill podemos decir, pueden decir los jóvenes y maestros, “…golpea tu corazón, que en él está tu genio… ”, libre de la mediocridad, de la mediocracia y del “pensamiento” débil.

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