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Un corazón plagiado

Algo que es elemental para una sana y armónica convivencia ciudadana

Luko Hilje
Biólogo

Es más que evidente que, debido al TLC y al referendo, el país está polarizado y hasta escindido en dos bandos. Pienso que lo generó el hecho mismo de que, una vez negociado como se hizo, no quedó más que enfrentar una dicotomía, antes para los diputados y ahora para toda la ciudadanía. Pero, ante tan seria disyuntiva, es oportuno y hasta urgente remarcar que la serenidad, la reflexión y la tolerancia deben prevalecer como normas elementales para la convivencia ciudadana.

En tal sentido, ha sido muy atinado que el amigo escritor Rodrigo Soto divulgara esta sabia cita de Pitágoras: “Las palabras más antiguas y cortas –‘sí’ y ‘no’– exigen las mayores consideraciones”. Eso implica leer, escuchar e informarse para elaborar una opinión propia, lo cual no debe implicar nunca la descalificación de quien piense diferente. He leído artículos en la prensa, comprado libros, asistido y también escuchado numerosos debates por radio y televisión, y tengo una posición definida, adversa al TLC. Y, aunque sobre esto se podría argumentar y escribir mucho, como ciudadano, científico y profesor universitario deseo hacer hoy una exhortación.

Ética y conocimiento. Como formadores de nuestros futuros profesionales, hemos insistido siempre en los aspectos éticos asociados con la generación del conocimiento, sobre todo ahora, cuando la tecnología de Internet y el facilismo permiten a muchos “cortar y pegar” párrafos de textos de otros autores y presentarlos como suyos. Eso es sumamente grave. Incluso, hace unos 20 años estuve por solicitar la expulsión de una estudiante –en cumplimiento del reglamento pertinente, en la Universidad Nacional– por haber copiado textualmente y presentado como suyo el trabajo de otra estudiante, de años atrás; mi muy incómoda gestión abortó pues ella debió retirarse de la Universidad por otras razones.

Al respecto, siempre recuerdo que, pocos meses antes de morir, ese luminoso ser humano que fue el doctor Alfonso Trejos Willis –principal discípulo de nuestro sabio Clorito Picado– libraba en el Semanario Universidad una frontal batalla contra el plagio y el fraude en al ámbito universitario. Una tarde, en su casa, me comentaba muy dolido cuánto le preocupaba que las nuevas generaciones percibieran el plagio como algo normal, sin siquiera cuestionarse si era incorrecto o inmoral.

Esto ha venido a mi mente desde hace un tiempo y, en especial, en días recientes, al ver un campo pagado de una página completa enLa Nación (15/8/07, página 33A), con el ícono de un corazón con los colores patrios, aludiendo a una campaña por televisión que utiliza ese símbolo.

Nada edificante. Como ya se ha hecho público –y hasta hay dos textos en Internet que relatan con detalle su génesis–, ese ícono fue creado por artistas nacionales opuestos al TLC. El hecho de que no lo hubieran inscrito en el registro de la propiedad intelectual no invalida su autoría. Interrogado al respecto el señor Alfredo Volio, su respuesta fue burlesca. Es grave que el líder de quienes promueven el TLC –que protege incluso en exceso los aspectos de propiedad intelectual, irónicamente– legitime el plagio y utilice ese ícono como elemento central de su campaña. ¿Es eso edificante para la ciudadanía y, sobre todo, para los niños y los jóvenes que tanto preocupaban al doctor Trejos Willis?

Por tanto, por ética, raciocinio y elegancia mínimos, insto al señor Volio y colaboradores a retirar de su propaganda ese símbolo, así como a disculparse en forma pública ante quienes, con su ingenio, lo crearon. No hacerlo sería fomentar abiertamente el plagio y, con él, el flagrante irrespeto a quienes se dedican de manera cotidiana a la creación artística o a las indagaciones científicas. Y esto sí que es elemental para la sana y armónica convivencia ciudadana, más allá del referendo del 7 de octubre.

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