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Foto Principal: 1708783
Una estudiante de la Universidad Nacional observó ayer el trabajo de la restauración hecho a la pintura Campesino , de Francisco Zúñiga.
Adriana Ovares
Centro Cultural Costarricense Norteamericano

Artes & Letras
Arte resucita en manos de dos restauradoras ticas

Alicia Zamora y Ana Jiménez reparan obras dañadas por comején y sucias
Exposición sobre su oficio se muestra en la galería Sophia Wanamaker

Doriam Díaz
ddiaz@nacion.com

Obras de arte comidas por el comején, llenas de hongos, descoloridas e incluso que se deshacen al tacto resucitan y recuperan su esplendor bajo el cuidado y el trabajo minucioso de las costarricenses Alicia Zamora y Ana Grace Jiménez.

Desde hace 20 años estas restauradoras trabajan juntas sanando todos los males de piezas artísticas en museos nacionales y colecciones públicas y privadas.

Foto Flotante: 1708779
Alicia Zamora y Ana Grace Jiménez atienden las “enfermedades” del arte desde hace 20 años en su taller ConArte.
Adriana Ovares

Después de tantos años, ellas sacan los secretos de su taller de conservación y restauración y muestran al público de qué se trata su oficio en una exposición en la galería Sophia Wanamaker, del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, en barrio Dent.

Otro tipo de “doctoras”. ¿Qué hace un restaurador y conservador de arte? Zamora y Jiménez lo explican fácilmente: “A nosotras nos toca ‘la medicina’ del arte”.

Tal y como lo evidencia la exposición, ellas le devuelven la belleza y esplendor a pinturas, esculturas, grabados o dibujos dañados por el paso del tiempo, la humedad, los contaminantes, el fuego y los insectos (comején y cucarachas, entre otros).

“El restaurador tiene el reto técnico y ético de atender los problemas físicos que se presentan en los objetos artísticos con un enorme respeto a lo original”, dijo Jiménez, más conocida por sus artistas y amigos como Nana.

Cada obra es un paciente distinto y requiere de un tratamiento diferente. “Tomamos cada caso, estudiamos quién fue el autor, así como la obra y materiales que la componen para determinar la forma de restaurarla. El respeto al original es absoluto: la cura nunca puede ser mayor que la enfermedad”, explicó Zamora, con 26 años de experiencia en este campo.

Si bien es cierto que reviven el arte, ellas trabajan con materiales diferentísimos a los de un artista como pigmentos al barniz, pastas especiales, ceras, resinas, bisturí, químicos, formones, martillos, planchas y pulpa de papel.

De hecho, ellas muestran en su exposición algunos de sus instrumentos y materiales para mantener “la salud” de las obras de arte.

Enfermedades varias. En sus 20 años con la empresa ConArte, Zamora y Jiménez han atendido los casos más variados: desde pinturas desahuciadas –tan dañadas que ni su propio creador cree que sea posible recuperarlas– hasta piezas llenas de huequitos porque un gato la usó para afilarse las uñas u orinadas por el perro de la casa.

En todas ellas primero las conservan; es decir, detienen el proceso de deterioro en la obra. Después la restauran, proceso que documentan por escrito y con fotos.

En la mayoría de los casos, ella le garantizan a su paciente –la obra de arte– otros 50 años de buena salud.

Con el fin de mostrar todo este delicado trabajo, estas especialistas muestran en la exposición el antes y el después de seis obras que han sido restauradas.

La muestra estará abierta hasta el 3 de setiembre.

El antes y después de un San Antonio

Un caso en exposición
Foto Flotante: 1708391
/ LA NACIÓN

Este es un óleo de San Antonio sobre tela y sin fecha. Cuando llegó al taller de Alicia Zamora y Ana Grace Jiménez, la pintura mostraba un hueco sobre la cabeza del santo; asimismo, tenía marcado el bastidor, el marco estaba comido por el comején y todo el cuadro estaba debilitado.

Las restauradoras le quitaron las deformaciones provocadas por su bastidor y le pegaron otra tela tras la original con una cera resina para darle mejor soporte.

También taparon el hueco en la pintura y la trabajaron para dejar que salieran sus colores originales. “Con este trabajo, el cuadro queda estabilizado por unos 50 años o más”, dijo Zamora.

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