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Noticias Internacionales:

Foto Principal: 1705011
Alberto Gonzales presentó ayer su dimisión al cargo de fiscal general de Estados Unidos en una breve rueda de prensa en su despacho.
AP
Alberto Gonzales, allegado de Bush

Norteamérica
Secretario de Justicia de EE. UU. renuncia bajo presión

Abogado de origen mexicano tuvo una gestión cargada de controversias
Demócratas celebran salida, le achacan despido de ocho fiscales


Washington. Reuters, EFE y AP. El fiscal general de Estados Unidos, Alberto Gonzales, renunció ayer a su cargo poniendo fin a una polémica gestión que afectó al gobierno de George W. Bush.

Bush, quien lo apoyó firmemente en varias confrontaciones con el Congreso, dijo que Gonzales había soportado “meses de trato injusto que ha creado una distracción dañina en el Departamento de Justicia”.

“Es triste vivir en una época en la que una persona honorable y con talento como Alberto Gonzales se vea impedida para hacer un trabajo importante porque su buen nombre fue arrastrado por el fango por razones políticas”, manifestó.

Gonzales, de 51 años, anunció en el Departamento de Justicia que su renuncia entraría en efecto el 17 de setiembre y negó responder preguntas de la prensa.

No dio razones de su decisión de dejar el cargo tras meses de controversia en su desempeño.

“He vivido el sueño americano”, dijo Gonzales, un hijo de trabajadores inmigrantes quien comenzó a trabajar para Bush cuando el actual mandatario era gobernador de Texas.

“Incluso mis peores días como fiscal general han sido mejores que los mejores días de mi padre”, señaló.

Un alto funcionario del Gobierno sostuvo que Bush no había decidido sobre un nominado para reemplazar a Gonzales.

El procurador general estadounidense, Paul Clement, se desempeñará como fiscal general interino, indicó el funcionario, en medio de las especulaciones de que el secretario de Seguridad Interior, Michael Chertoff, podría ser el candidato para el reemplazo permanente.

Gonzales se encontraba en medio de un escándalo desatado por el despido de fiscales federales el año pasado, que según opositores en el Congreso estadounidense tenían motivaciones políticas y enfrentaba una posible investigación por supuesto perjurio en un testimonio.

Gonzales habló el viernes con Bush por teléfono y luego lo visitó el domingo en su rancho en Crawford, donde entregó formalmente su carta de renuncia, dijo un alto funcionario del Gobierno.

“He aceptado con reticencia su renuncia, con mucho agradecimiento por el servicio que ha desempeñado para nuestro país”, expresó Bush.

La dimisión del secretario de Justicia de EE.UU., Alberto Gonzales, provocó una ola de expresiones de euforia entre los líderes demócratas en el Congreso e incluso entre algunos republicanos, mientras que otros lo ven como una víctima de la oposición.

El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, afirmó que Gonzales “nunca fue la persona adecuada para ese trabajo”, porque, entre otras razones, “carecía de independencia”.

Gonzales debe todos sus cargos públicos a Bush, desde el de asesor judicial del entonces gobernador de Texas, luego secretario de Estado y después miembro de la Corte Suprema de ese estado, para rematar con el cargo de asesor judicial de la Casa Blanca y finalmente secretario de Justicia.

Sus críticos señalan que la deuda moral de Gonzales lo hizo demasiado deseoso de complacer a su jefe, darle trato especial a tejanos poderosos como Karl Rove y prestar poca antención al Congreso.

En las filas republicanas también hay quienes, aunque con la boca más pequeña, se alegran de la noticia.

Es el caso del senador republicano de mayor rango en el Comité Judicial de la Cámara Alta, Arlen Specter.

“Me alegro de que renuncie para que el Departamento pueda avanzar en su importante trabajo”, afirmó en declaraciones a la cadena de televisión Fox.

De acuerdo con la opinión de la senadora demócrata y aspirante presidencial Hilary Clinton, Gonzales debía irse toda vez que “su lealtad era con el Presidente y no con los estadounidenses”.

El abogado de George W. Bush

Alberto Gonzales

El presidente estadounidense, George W. Bush, se refería a Alberto Gonzales como “mi abogado”, y lo decía así, en español.

Esta cercanía le permitió a Gonzales escalar a puestos que nunca había soñado en la niñez que vivió en la pobreza, hijo de una familia de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos.

El único de los ocho hijos de María y Pablo Gonzales que logró entrar a una universidad fue Alberto, y se graduó en Harvard.

Título en mano, entró a trabajar a una influyente firma de abogados en Houston, donde el entonces gobernador de Texas, Bush, lo reclutó para que le acompañara como asesor legal.

De allí saltó a secretario de Estado de Texas, juez de la Corte Suprema estatal, y luego asesor legal de la Casa Blanca.

Se convirtió en el latino en ocupar el cargo más alto del país cuando ascendió a secretario de Justicia. Sin embargo, fue allí también donde comenzó a gestarse su caída.

Rápidamente entró en conflicto con la oposición demócrata que tomó control del Congreso, y hasta republicanos lo criticaron por el despido de ocho fiscales, al parecer por razones políticas. Se le achaca el ser demasiado cercano a Bush para cumplir como fiscal general.

Bush pierde otro allegado con la salida de Gonzales

Nueva baja
Andrew Card

Fue uno de los jefes de gabinete de mayor duración en los últimos 40 años en Estados Unidos. Bush siempre valoró su lealtad. Se dice que la esposa de Card en una oportunidad le preguntó: “¿usted está casado con George W. Bush o conmigo?”.

Renunció en marzo del 2006, al parecer por su preocupación de que la guerra en Iraq se convertiría en otro Vietnam.

Donald Rumsfeld

Como secretario de Defensa fue el arquitecto de la estrategia en la guerra en Iraq. Las noticias cada vez peores desde el frente de combate condujeron a pérdidas electorales para los republicanos en las elecciones del 2006.

Aunque Bush intentó mantenerlo en el cargo contra viento y marea, debió pedir la renuncia a Rumsfeld después de la debacle electoral, presionado por su propio partido.

Karl Rove

Principal estratega político de Bush en sus campañas para gobernador de Texas y presidente, Rove ha sido considerado “el cerebro de Bush”.

El asesor presidencial abandonó su cargo de subjefe de gabinete el 13 de agosto, en medio de llamados del Senado para que testificara sobre la destitución de ocho fiscales, caso que también golpeó a Alberto Gonzales.

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