 Nina Berman y su exposición sobre Irak
(AFP)
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NUEVA YORK (AFP) -
Cuando un ataque suicida hizo estallar una bomba en la unidad de marines del sargento Ty Ziegel en Irak, la explosión fundió la piel de su cara, rompió sus huesos y le destruyó un brazo.
Las quemaduras lo dejaron sin nariz, sin pelo, sin orejas y tuerto. Ahora tiene una bóveda de plástico en lugar del cráneo y un dedo del pie injertado en la mano reemplaza el dedo pulgar. El otro brazo está amputado debajo del codo.
Aunque Ziegel es uno de los modelos más trágicos en una nueva exposición por la fotógrafa Nina Berman de la galería Jen Bekman de Nueva York, en todo caso no es el único.
Berman comenzó tomando retratos de los heridos en Irak poco después de la invasión de 2003, prefiriendo no fotografiarlos en el hospital sino en sus casas, a menudo en pequeñas ciudades de Estados Unidos.
El retrato de Zegel lo muestra en el día de su casamiento, con la novia de blanco y un ramo de rosas, cuyo rostro impenetrable expresa una mezcla de tristeza, rabia, miedo y resignación.
Su novio de 24 años lleva uniforme, pero es imposible percibir expresión alguna en ese rostro donde no queda gran cosa.
Berman dijo que comenzó a hacer los retratos a causa de la frustración que le generaba la cobertura de los medios al principio de la guerra.
"Comencé a trabajar en ellos al no ver ninguna representación del costo humano de la guerra. En la prensa uno oye o lee informes sobre heridos pero nunca se ve ninguna imagen", comentó a la AFP.
Berman dijo que le interesa no tanto las heridas físicas de sus modelos sino las sicológicas escondidas detrás de ellas. "Los fotografío solos, sobre todo en sus habitaciones que para mí son como pequeñas jaulas", dice.
El rostro del paracaidista Randall Clunen padeció fragmentos de explosivo, también durante un ataque suicida contra su unidad. De regreso a casa en Ohio, parece extrañar Irak.
"Me gustó. La excitación. La adrenalina. No saber nunca lo que va a pasar", dijo Berman. "Ahora no hay nada. Uno simplemente mira las noticias o las películas de guerra en la TV".
Berman dice que a pesar de considerarse una observadora neutral, sus fotografías son necesariamente anti-guerra.
"Pienso que es muy difícil digerir la idea de que la guerra es aceptable cuando uno ve el daño que provocaba a los seres humanos", comentó.
A pesar de que sus imágenes muestran sobre todo a soldados individuales, también se focaliza en el impacto más amplio de las devastadoras heridas.
"Para los familiares es algo enorme. Son cosas que no suceden sólo a una persona, suceden a una familia entera", dijo.
"Algunos ingresan al ejército con ciertas fantasías, sueños y esperanzas y se consagran a alcanzarlos y de repente, porque estaban en el lugar equivocado y en el momento equivocado, todo eso se acaba", dijo la fotógrafa.
Aunque Berman está contenta del éxito que tuvieron las fotografías --hay un libro a la venta-- dijo estar sorprendida de que la gente las encuentre chocantes tras una guerra de cuatro años que dejó más de 27.000 heridos en filas norteamericanas y mató a otros 3.700.
Robert Acosta resultó herido en Bagdad cuando un joven iraquí arrojó una granada contra su vehículo. Perdió su mano derecha y el uso de la pierna izquierda. Berman lo fotografió fuera de su casa en California mostrando su pierna artificial.
"Nadie sabe lo que los soldados están viviendo. Ven en la televisión 'uh, dos soldados heridos' y piensan que van a estar bien. Pero ese soldado queda con la vida arruinada tanto del punto de vista físico como mental".
Según ella, el más trágico de sus modelos fue Sam Ross, un soldado de 21 años que quedó ciego y perdió una pierna en una explosión mientras manejaba municiones en un depósito.
Berman lo retrató cerca de la casa rodante donde vive solo, en la Pensilvania rural, con su pierna artificial colgando de sus jeans. Desde que regresó de Irak trató de suicidarse varias veces.
"Perdí mi pierna por debajo de mi rodilla. Perdí la vista. Tengo esquirlas en casi todo el cuerpo", dijo. "Pero no me arrepiento de nada. Fue la mejor experiencia de mi vida".
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