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Opinión Roberto García rgarcia@nacion.com Periodista Un Quijote de realidades descubre con emoción la placa inaugural. Un flaco con el puño en alto celebra la primera conquista del equipo anfitrión. Con un salto espectacular, otro goleador insigne vence a un gato-arquero de negro impecable. Tres fotografías, tres momentos en blanco y negro de una historia llena de color. El estadio Ricardo Saprissa se inauguró hoy hace 35 años, el 27 de agosto de 1972. En la primera foto aparece don Ricardo Saprissa Aymá. Apóstol. Visionario. Sempiterno. La segunda es de Eduardo Chavarría. Puño en alto y sonrisa franca, el Flaco grita el 1 a 1 contra el Comunicaciones de Guatemala, que había abierto la cuenta por medio de Peter Sandoval. Y en la tercera gráfica, años después, Carlos Solano le anota a Bernardino Chaves, guardameta de Liga Deportiva Alajuelense, en una escena de los tantos clásicos que ahí se han jugado. Las tres fotografías forman parte de los objetos valiosos que conserva un reducto lleno de vibraciones, sede del Saprissa y de la Selección Nacional desde hace seis eliminatorias. Lo visité por primera ocasión cuando solo existía el campo de juego bordeado por una verja pequeña de madera blanca. Los compinches del barrio acudimos a un partido del juvenil saprissista, donde jugaba Javier Michelín Masís, nuestro amigo de la infancia y la única figura del Racing de Guadalupe que ascendió a la cima del futbol; ayer, un futbolista noble y lleno de coraje; hoy, un ciudadano ejemplar. En aquel agosto del 72, trozos del zacate recién sembrado salpicaban los cuerpos sudorosos y trepidantes de Saprissa, Alajuelense, Comunicaciones de Guatemala y Madureira de Brasil, los participantes en la cuadrangular que se organizó para el acontecimiento. Testigos y actores. Son innumerables los momentos de gloria y los pasajes de dolor que los habitantes de la tribuna hemos vivido ahí, como testigos presenciales de jornadas intensas. Si usted visita hoy San Juan de Tibás, dedique una mirada y quizás una reverencia terrenal al gigante que se divisa desde los diferentes puntos de la ciudad. La vida se va quedando en los lugares por donde nos ha tocado pasar , escribió el artista Francisco Amighetti. Por eso, si alguna vez, en las butacas o en la misma cancha, usted ha barajado ilusiones o apechugado con algún sinsabor, el estadio Saprissa también le pertenece.
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