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No hay desarrollo talla única

Hay que dar respuesta adecuada a los problemas específicos de las regiones

Miguel Sobrado


No todas las regiones de nuestro país son iguales ni presentan los mismos problemas ante la necesidad de progresar. Respuestas institucionales estandarizadas para realidades distintas no pueden dar los mismos resultados. Se requieren estrategias diferenciadas, con contenidos técnicos ajustados a las condiciones regionales.

Guanacaste es diferente al Valle Central y ambos, a las regiones exbananeras del sur-sur, en cuanto a las posibilidades de aprovechar el turismo e incorporarse a la nueva economía. En Guanacaste la población original ha sido el convidado de piedra del desarrollo. En La Fortuna, en cambio, los agricultores se han transformado en empresarios turísticos. Mientras tanto, en el sur ha empezado un proceso de concentración de tierras en manos de extranjeros. Allí no existe tradición de pequeña ni mediana empresa.

Las interpretaciones institucionales y políticas sobre la caracterización de las regiones son estereotipadas: talla única. Se habla de que el nivel educativo es más bajo en las costas; o de la cultura local como una especie de variable independiente, que decide sobre el éxito o el fracaso del desarrollo, sin analizar las condiciones económicas, sociales e institucionales que las generaron. Desde esta perspectiva se recomienda “dejar actuar a las fuerzas del mercado” para que este reorganice la economía. Solo después intervendría la política social a fin de remendar los entuertos y patologías sociales que se hayan generado. Pero la ciencia económica, la del mercado, carente de visión antropológica, hasta ahora solo ha logrado definir como “perdedores” a los que no se adaptan a las leyes de la oferta y la demanda. A lo sumo define esas esa inadaptación a “externalidades” de esas leyes. Pero ¿será realmente esa la única salida posible?

La experiencia internacional demuestra que tan peligroso es ignorar el mercado, como lo hizo la antigua URSS, como transformarlo en factor único. Las realidades regionales son sistemas donde interactúa el mercado con lo sociopolítico y lo ecológico. China, se menciona cada vez más como paradigma de apertura, pero se omite decir queé sta fue precedidapor un período de preparación educativa y de estímulo a la autonomía y a la participación de las regiones.

Principales regiones del país. Tenemos al menos tres grandes “regiones”: la región cafetalera; los latifundios ganaderos; y las plantaciones bananeras. Cada uno de estos sistemas de producción contribuyó a configurar subsistemas y a definir espacios para la acción institucional y de la sociedad civil.

Estos sistemas marcaron la realidad local, generando fuerzas inerciales, aun cuando las condiciones originales hayan sido modificadas con el tiempo. El café, con un fundamento sólido en la pequeña y mediana propiedad, paradigma del desarrollo histórico republicano, impulsó el desarrollo de la economía mercantil capitalista y dio origen a una sociedad con asimetrías controladas por los contrapesos de la organización de los grupos de interés. Su cultivo estimuló el desarrollo interno, generando mucha mano de obra y demanda de servicios y productos locales; propició el florecimiento de la sociedad civil y su participación en la solución de problemas locales y regionales.

Los latifundios ganaderos de Guanacaste se basaron históricamente en una ganadería extensiva, complementada por la mano de obra de los minifundistas locales dedicados a la economía de subsistencia. El minifundio produce para el consumo, priorizando el valor de uso por encima del valor de cambio capitalista. Se configuró un sistema social profundamente asimétrico, sin espacios de participación efectiva más allá de las fiestas patronales, de la sociedad cívico-religiosa. La organización de la producción para la subsistencia genera un conjunto de valores y relaciones sociales que limitan la comprensión e inserción oportuna en la economía mercantil capitalista; su capacidad competitiva es casi inexistente sin un proceso de alfabetización empresarial previo.

Bananeras y antiguas bananeras. La explotación bananera es una economía capitalista de enclave, basada en la gran plantación con división social del trabajo. Este tipo de explotación requiere de mano de obra asalariada. Con el tiempo, cada trabajador se especializa en una o varias tareas y adquiere la disciplina laboral de la gran empresa, pero pierde la capacidad de gestión de la pequeña y mediana empresa. En las plantaciones la sociedad civil no floreció como en el Valle Central. No existió arraigo comunal. Las casas no les pertenecían a los trabajadores, que, además, podían ser trasladados por la compañía de una plantación a otra. No obstante, surgió el sindicato y su prolongación regional con los “Frentes de lucha” como organización reivindicativa de los trabajadores y articuladora de las fuerzas locales. Eso permitió que, si bien esta región se caracterizara por una fuerte asimetría social, esta se viera mitigada, en los momentos de confrontación, por el poder organizacional de los sindicatos y los frentes regionales.

Diferencias importantes. Ambas regiones han tenido una sociedad civil débil, comparada con la surgida en la economía cafetalera. Pero en los momentos cruciales, en las antiguas bananeras se hace presente la capacidad de organización de los frentes de lucha, lo que les permite incidir sobre la toma de decisiones políticas.

Hay, sin embargo, diferencias importantes entre ambas regiones, en cuanto a la carencia de capacidades de gestión para la pequeña empresa mercantil. En Guanacaste la alfabetización empresarial implica introducir a los productores en la economía mercantil capitalista. En las antiguas bananeras ya no hace falta pues viven inmersos en ella; los mismos trabajadores son mercancía en el mercado de trabajo. De hecho en la región sur-sur, el vacío dejado por la bananeras fue llenado por el movimiento cooperativo, especialmente en forma de grandes empresas agroindustriales como Coopeagropal, Coopetrabasur y Coopeplataneros; o de servicios como Coopesersur,

Estrategias diferenciadas. En ambas hace falta la alfabetización empresarial para desencadenar el proceso, especialmente el dirigido hacia la pequeña y mediana empresa.

En otras palabras, si cada región tiene sus problemas particulares derivados de su experiencia histórica, hay que dar una respuesta adecuada a sus necesidades. En primer lugar no descalificar a priori como “perdedores” a las regiones en desventaja, sino estudiar y comprender la causa de sus limitaciones. En segundo lugar, no dar respuestas con cursos y procesos estándar a todas las regiones, pues no se trata solo de instrucción. Se trata de un proceso de alfabetización y capacitación empresarial adecuado a las necesidades de cada región. Capacitar demanda aplicación de conocimiento en condiciones de autonomía, sin este requisito las personas no asimilan el conocimiento ni desarrollan las destrezas necesarias para habilitarse en el reconocimiento del medio, diseño y puesta en marcha de su proyecto. Tampoco se trata de acciones aisladas sino de un proceso masivo que pueda generar masa crítica para el desarrollo endógeno.

Despacio y con buena letra. Los procesos económicos mundiales penetran en todos lo rincones del país. Ya se anunció la entrada en operación de la primera fase del aeropuerto en el sur para el 2010, esto requiere acciones inmediatas. El Estado a través de las instituciones y universidades debe estimular el proceso, pero son las regiones, a través del movimiento cooperativo y comunal, las que deben asumir el liderazgo activo y formar destacamentos regionales de alfabetización y desarrollo empresarial.

El desarrollo requiere visión y voluntad regional y de un verdadero destacamento de “tinterillos” de la economía que sepan de proyectos, organización y geografía económica; capacitados para preparar a la población local. Para que esta pueda aprovechar, al menos parcialmente, la llegada de turistas a partir del 2010 y no sea marginada como sucedió en Guanacaste. Es oportuno decir que este tema no queda en la teoría y que en el distrito de Laurel existe una experiencia piloto en marcha, con más de 60 emprendedores y un plan para ampliarlo a toda la zona sur, presentado ante Judesur por las principales cooperativas locales y la Universidad Nacional, que puede contribuir a cambiar el panorama.

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