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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas Siempre en torno a los presidentes surgen gentes más papistas que el Papa. Con métodos de seguridad extraídos de alguna película, agreden a la gente y levantan muros en torno suyo, violentando la bella tradición nacional de unidad entre el presidente y su pueblo. Por eso hay que parar ya esas actitudes que han ocasionado la condena de la ciudadanía y de destacadas personalidades, sin omitir la de los más altos funcionarios. Cuando en Ciudad Quesada no se permitió a los feligreses ingresar a la iglesia y monseñor Ángel San Casimiro tuvo que protestar enérgicamente, esta conducta policial no debió haberse vuelto a repetir. Sin embargo, no ha sido así. Una intolerancia represiva y un alto grado de matonismo han parecido rodear al Presidente diz que para protegerlo. A la agresión contra dos jóvenes contrarios al TLC por un grupo de policías, que más parecían actuar como partes de un pleito de cantina, se le sumó la agresión –grave e innecesaria– contra el diputado del PAC don José Joaquín Salazar, a quien se le impidió ingresar a un edificio público, irrespetando su investidura, su inmunidad y su libertad de movimiento. Todo esto, además de innecesario, es contraproducente. La labor del ministro de Gobernación, don Fernando Berrocal, la iniciativa de la ministra de Justiciam doña Laura Chinchilla, los esfuerzos de reforma electoral para abrir canales que encaucen mejor el conflicto político que lleva la Comisión de Asuntos Electorales, presidida por el diputado don Fernando Sánchez, no deben ser anulados por estas actitudes represivas y torpes de funcionarios medios y bajos. El presidente y los altos funcionarios deben tener la protección necesaria para garantizar su seguridad personal y el respeto que merecen. Pero esto no debe derivar ni en una barrera entre ellos y la población ni, mucho menos, en un pretexto para reprimir con violencia injustificada a sus opositores. Vivas y abajos, chiflidos y cartelones contra los gobernantes de turno han existido siempre y existirán mientras seamos una democracia. Los chistes, los sobrenombres, las canciones y los cartelones descorteses son parte del folclor político. Solo por excepción y ante excesos reales se debe actuar contra algunos. La actitud intolerante de las autoridades genera violencia y facilita una escalada peligrosa. Hizo muy bien don Francisco A. Pacheco, presidente de la Asamblea, en actuar de inmediato, y la fracción del PAC, en ir a quejarse ante el TSE. Y es excelente que el presidente Arias se haya excusado ante el ofendido. El país sufre de fracturas sociales y políticas delicadas, que no deben condimentarse con actos represivos innecesarios.
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