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Maestro de maestros, amigo Un constructor no solamente de estructuras físicas sino también de espíritusJorge Enrique Chaves V. Educador Hace unos días, a los 92 años, Francisco Ramos Moreira emprendió el regreso a su fuente de origen. Asistí a su entierro para despedir a quien fuera mi jefe, maestro, consejero y orientador en momentos difíciles de mi vida pero, sobre todo, fui a despedir a un amigo bueno. Era un hombre delgado, de cabello rubio y ojos de un azul profundo, tan profundo como su sabiduría. Fue maestro, supervisor de escuelas, agente de Extensión Agrícola, colaborador de los Clubes 4-S, agricultor, artesano, ebanista, inventor, consejero, guitarrista y constructor, no solo de estructuras físicas sino de espíritus. Profesional con un claro sentido de su misión y de la mística. Sobre el lomo de su caballo El Búfalo ni los temporales de octubre ni el sol en el verano ni los ríos crecidos ni el barreal en donde se pegaban las bestias fueron obstáculos para que cumpliera a cabalidad con su responsabilidad de supervisar y enseñar a sus maestros. Nunca conoció la derrota o el fracaso, nunca obstáculo alguno fue capaz de vencerlo. Cuando otros pensábamos que un problema no tenía solución, él ponía sobre la mesa tres o cuatro opciones viables para resolverlo. Sabiduría disponible. Hombre de principios firmes, arraigados en una particular y hoy perdida concepción de lo que significa ser honesto, recto, sincero, solidario y leal. Los que le conocimos y tuvimos el privilegio de trabajar a su lado, sabemos que fue Maestro de Maestros porque su sabiduría siempre estaba disponible para todos y fue la fuente de la que bebimos hasta saciarnos quienes fuimos sus subalternos o quienes acudieron a él en busca de consejo. Fuente siempre fresca, en donde nunca tuvo cabida el egoísmo profesional; fuente disponible para todos, llena de principios altamente cristianos, rebosante de valores éticos y morales que nos ayudaron a formar integralmente a nuestros alumnos. Fuente de innovadoras ideas que le permitieron crear el primer polígrafo portátil, el famoso EAR, que rápidamente se convirtió en instrumento indispensable para producir material didáctico en las zonas rurales y que de una u otra manera acabó dando origen a una próspera empresa que hoy manejan sus hijos. El maestro y el amigo ha partido pero, aunque físicamente desaparecerá de este mundo, su enseñanza y su obra permanecerán con quienes tuvimos el honor y el privilegio de ser sus condiscípulos. Hasta pronto, Maestro de Maestros; hasta pronto, amigo bueno.
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