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Cuentas confusas

Una homilía a favor o en contra del Tratado de Libre Comercio constituye un irrespeto

Braulio Montero Ramírez
Católico

En relación con el artículo del padre Glenm Gómez, director del Eco Católico , “Cuentas claras…” ( La Nación , 18/7/07), debo expresar que efectivamente el sacerdote que leyó la diatriba en que se incitaba a los feligreses a asistir a las protestas callejeras contra del TLC señaló claramente que se trataba del editorial del Eco Católico . Si fue mentira, no soy quien debe hacer la respectiva investigación, es al padre Glenm a quien le conviene averiguar si alguien usó el Eco Católico para propalar una falsedad más (de muchas ventiladas en los últimos meses) y que puso en entredicho la imparcialidad del semanario.

Si analiza bien la carta ( La Nación , 17/7/07), en ningún renglón hallará que le tildé de mentiroso y sedicioso. En la defensa que intenta establecer, creo que las cuentas no quedaron claras, al soslayar premeditadamente o no, la causa que dio origen a mi malestar (situación también denunciada por otras personas).Tengo la impresión de que se fue por la ronda y no abordó el tema como correspondía.

Cordial reprimenda. Lo más acertado –desde mi punto de vista– habría sido una llamada de atención a sus colegas que, desde el púlpito, irrespetan el libre pensamiento de los fieles, así como una cordial reprimenda para que no se manipule y tergiverse el mensaje del Eco Católico , lo cual de por sí constituye un delito.

Por mi parte, debo decirle que soy católico, poco apostólico y ramonense (no romano). Y, como tal, no tolero que en un templo católico, donde asisto a escuchar la Palabra de Dios, se irrespete la libertad de pensamiento. Una homilía en que se nos hable a favor o en contra del TLC es un irrespeto pues toda persona tiene el sagrado derecho de pensar como quiera. Además, el católico va a misa para salir del templo mejor de como entró: alimentado con la Buena Nueva y lleno del Espíritu Santo, para seguir por la senda que Dios nos tiene trazada.

Vanidades y vaciedades. Previendo esos desmanes, la jerarquía eclesiástica proclamó la neutralidad en lo que concierne al Tratado, pero algunos sacerdotes (pocos por cierto) no obedecen las directrices de sus superiores en ese sentido y, si no los respetan a ellos, ¿cómo van a respetar a su “rebaño”? Lo peor de todo es que ningún feligrés puede contestar a las vanidades y vaciedades del celebrante, quien, desde una posición muy cómoda, impulsa una arenga en un solo sentido; es ni más ni menos lo que se conoce como burro amarrado contra tigre suelto.

Desde la perspectiva del derecho de respuesta debió darme la razón, pues no es por casualidad que sea miembro activo del flamante organismo conocido como Observatorio de la Libertad de Expresión. Lo que sí me extraña es que en el editorial del Eco Católico (29/7/07), de alguna manera, trata de obligarme a publicar mis cartas en dicho semanario por el solo hecho de ser católico.

Le recuerdo que en Costa Rica todavía tenemos libertad de expresar nuestras inquietudes en el periódico que más nos convenga, sea comercial o no. Si tiene a bien contestar esta nota, me gustaría que lo hiciese desde el punto de vista del libre pensamiento, de la libertad de expresión y del indiscutible derecho de respuesta que tenemos todos los costarricenses cuando somos agredidos psicológica e ideológicamente.

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