 Lady Diana
(AFP)
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LONDRES (AFP) -
La sombra de la princesa Diana de Gales sigue presente en Gran Bretaña, pero la "dianomanía", que culminó en la semana entre su muerte, el 31 de agosto de 1997, y su entierro en la casa familial, una semana después, parece haberse extinguido.
El décimo aniversario de Diana se conmemorará sólo con una discreta misa, a la que asistirán la reina Isabel y su esposo, el duque de Edimburgo, su ex esposo, Carlos, sus hijos, Guillermo y Enrique, pero también la mujer detestada por Lady Di: Camilla, la eterna amante y ahora segunda esposa de Carlos.
En Londres la figura de Diana se ha ido poco a poco desdibujando. A los diez años de su muerte, no hay ninguna calle, parque, plaza o jardín que lleve su nombre.
Tampoco hay esculturas levantadas en su memoria, como la que se develará en los próximos días en la plaza del Parlamento, en homenaje al ex gobernante sudafricano, Nelson Mandela.
En el hermoso Palacio de Kensington, sepultado hace diez años bajo un océano de flores, no hay indicios, pocos días antes del décimo aniversario de su muerte, de homenajes o tributos a la princesa que vivió allí durante 15 años.
La abadía de Westminster, sede del funeral de Diana, en el que su hermano Lord Charles Spencer criticó ferozmente a la familia real británica, se recuerda a dignatarios y populares figuras británicas, e incluso a monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado en El Salvador por defender a los pobres.
Pero no hay allí nada que evoque a la princesa de Gales, que protagonizó decenas de campañas humanitarias en el mundo entero y fue defensora de los excluidos.
La fuente construida a su memoria en Hyde Park, en pleno corazón de Londres, es considerada un fracaso por buena parte de los londinenses. Ha sido cerrada en varias ocasiones -la primera vez, apenas 24 horas después de su inauguración- por deficiencias en el sistema de evacuación de las aguas.
El pasado fin de semana, el monumento, que representa una sortija ovalada en granito, atraía sobre todo a turistas australianos y japoneses, y a unos pocos británicos.
La emoción despertada por la muerte de la princesa parece ahora algo muy lejano, y los británicos han recuperado su ancestral flema.
Incluso algunos, como el comentarista Jonathan Freedland, opinan que el torrente de emoción provocado por la muerte de Diana "se ha convertido en un recuerdo vergonzante" para los británicos.
¿Qué ha pasado en estos diez años con el fenómeno de la "dianomanía", que nació casi en el mismo momento en que los británicos vieron por primera vez la sonrisa tímida de la bella joven que se iba a casarse con el heredero de la corona?
La "dianomanía" creció con su boda de cuento de hadas, vista por miles de millones de personas en el mundo entero, con el nacimiento de sus dos hijos y con cada una de sus sonrisas, peinados y vestidos.
Incluso la separación de su marido, enamorado de otra mujer, sus repetidos fracasos amorosos, su fragilidad, así como sus misiones humanitarias, alimentaron la "dianomanía", que culminó después de esa medianoche del 31 de agosto de 1997, que provocó lágrimas en todo el país, en el planeta entero.
Pero Lady Di no dejó tras su muerte películas que pueden verse y reverse, como dejó Marilyn Monroe, ni discos como los que hacen revivir a Elvis Presley, señaló Freedland en las páginas de The Guardian.
"Cuando los ingleses perdieron a Diana no perdieron a un ser humano; la que murió fue un personaje en una novela, o una película", señaló Freedland.
Por eso, este fenómeno, que se alimentaba de la vida de Diana -mezcla de cuento de hadas, telenovela, drama y reality show- con su muerte, perdió fuerza, y la pasión por la bella princesa se fue paulatinamente apagando.
Incluso muchos de los que asistieron el concierto para Diana, en julio en Londres, que atrajo a 63.000 personas para lo que habría sido su 46 cumpleaños, admitieron a reporteros que habían asistido más por la música que por el recuerdo de Lady Di.
La venta de recuerdos de Diana, que se elevó a más de cien millones de libras en 1998, ahora alcanza sólo unos 30 millones, según estimaciones.
Y aunque Diana sigue siendo la figura británica más conocida en el mundo, su rostro, su sonrisa y su vida han regresado a la portada de revistas y han vuelto a ser tema de artículos, libros, emisiones radiales y televisivas, sólo en ocasión del décimo aniversario de su trágica muerte.
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