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Mi corazón… ¿dice? Ante el TLC, no estoy para “sentires” ni para intuiciones, sino para realidadesMauricio Víquez Lizano Presbítero A estas alturas del siglo XXI y como muestra clara de que es falso que el sentido común sea el más común de los sentidos, venimos escuchando y viendo, a propósito de la campaña que tirios y troyanos llevan adelante con motivo del referéndum acerca del TLC, una frase llamativa por lo absurda: “Mi corazón dice SÍ”, o bien, según se trate del otro bando, “dice NO”. Sentir es una realidad innecesaria de cara al problema que aquí hemos de enfrentar. Pascal había dicho aquello de que “el corazón tiene sus razones que la razón no conoce”. Pero él se refería a otro orden de cosas que pasaba de las certezas. Se refería, desde su criterio, al tema de la fe. Una realidad que se dirime no necesariamente en el campo de la fría lógica racional. Aunque, como dice Franco Ardusso, “el creyente no puede creer a la ligera, ya que es un sujeto humano dotado de exigencias de honestidad intelectual y de rectitud moral respecto a los actos que realiza”. Conclusiones sustentadas. Pero aquí no estamos ante un asunto de fe, ni de pasión, tampoco ante un asunto que pueda ser abordado desde sentimientos irracionales. Estamos tras la pista de conocer, de datos objetivos, razonamientos cuidadosos, conclusiones sustentadas. Ni siquiera es un asunto de intuiciones, en cuanto que la intuición es una cierta forma de saber que, naciendo desde un razonamiento sin sustento lógico, no ofrece al ser humano más que una percepción inmediata y vaga de alguna idea, o bien, de una situación determinada. Conocer es, en cambio, otra cosa. Se trata de tener idea o captar por medio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y circunstancias de las personas o las cosas. Desde el realismo del siglo XIII, se considera que conocer es una adecuación entre ente e intelecto. Los idealistas del siglo XVIII hablarían de una síntesis de concepto e intuición. A este respecto, Kant llegará a expresar esta idea diciendo que “los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas”. A mí me interesa una cosa: la realidad. Y cuando digo realidad, hablo aquí de una cosa esencial y, para recurrir a Ortega y Gasset, hablo de “lo que verdadera e indubitablemente hay”. Ni más ni menos. Nada deberían decir. De cara al TLC, no estoy ni para “sentires” ni para intuiciones desligadas de conceptos. Estoy para realidades. Me interesa un bledo lo que el corazón me diga o deje de “decirme” respecto a este tema. Y, menos aún, lo que diga o deje de “decir” el corazón a otros, máxime si se trata de exageraciones o suposiciones que, sin ser más que eso, esto es, percepciones sensibleras, juegan con el miedo de la gente, lo mismo que con el sentimentalismo propio de la masa, o bien solamente exacerban romanticismos patrioteros que ya nada deberían decir a nadie. Niego, pues, por lo dicho antes, que el corazón sea un criterio válido de cara al próximo referéndum. Es tiempo de precisiones cerebrales. Desde ellas hemos de ir a las urnas para dejar constancia de que sí creemos en el futuro y de que queremos, efectivamente, ser parte de él. Y, para que ello sea verdaderamente así, estamos seguros de la necesidad de pasar tanto de pensamientos vacíos como de intuiciones sensibleras ciegas.
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