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Los muros mentales siempre caen La patria existe sin dogmas y no es tocada por el odio ni la divisiónFernando Araya Administrador de negocios y escritor El pasado 15 de agosto, la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional inauguró su segundo ciclo lectivo (2007) con una lección magistral del señor Wang Wiaoyuan, embajador de la República Popular China (RPC) en Costa Rica. En la primera parte de la actividad, las intervenciones de las autoridades universitarias originaron un ambiente propicio a la expresión plural de las ideas y a la búsqueda pacífica y compartida de la verdad, como debe ser en las universidades. Se hizo evidente, de nuevo, que los fanatismos ideológicos, tan dañinos para la educación, se disipan con la luz del ejercicio metódico, riguroso y exigente de la racionalidad: un solo momento de lucidez es más poderoso y definitivo que el más deforme y estruendoso de los gritos. Convergencia. ¿Qué dijo, en lo medular, el señor Wang Wiaoyuan en su disertación? Lo resumo: el éxito del proceso de reforma y apertura en la República Popular China se sustenta en la economía de mercado, la inserción del país en la globalización, la introducción de una cultura emprendedora, el abandono de los dogmas estatistas y las mejoras en materia de solidaridad y distribución de la riqueza. A lo anterior Wang Wiaoyuan lo denominó “Economía de Mercado Socialista”, concepto implícito en la “teoría de la convergencia” inspirada en las investigaciones que Galbraith y Samuelson realizaron en la década de 1960. Según esta teoría, el socialismo y el capitalismo de mediados del siglo XX acabarían siendo equivalentes, de modo que sus diferencias resultarían irrelevantes. A pesar del atractivo inicial que ejerció la tesis referida, Galbraith y Samuelson se equivocaron al suponer que en su época existían sistemas económicos realmente distintos, cuando en realidad se trataba de un único sistema que adoptaba formas diferentes según las características de cada país; en algunos casos se presentaba como capitalismo de Estado democrático liberal, en otros asumía la forma de capitalismo de mercado democrático liberal y en otros, de capitalismo de Estado dictatorial, denominado, por costumbre, socialismo; las principales diferencias entre estas diversas formas de capitalismo residían en el mayor o menor grado de control político sobre los mercados y en la existencia o no de espacios sociales para el disenso y la pluralidad. Lo que estaba en juego, no era la convergencia, sino el colapso de algunas de las formas capitalistas indicadas en vez de otras. ¿Existen ahora, en las condiciones de la RPC, circunstancias que permitan la convergencia de sistemas económicos distintos? ¿Coexisten en China dos sistemas de producción? ¿Es realmente diferente el sistema económico de China respecto al prevaleciente en los EE. UU., Alemania, Japón, Inglaterra y Francia, o se trata de un mismo sistema que adopta modalidades peculiares, según sean las condiciones de cada una de las naciones? ¿No pertenecen China, los países del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), las naciones de Europa Occidental, EE. UU., Costa Rica, Chile o Japón, a un orden global cuya lógica económica esta basada en los mercados? ¿No es el concepto “Economía de Mercado Socialista”, un término análogo al de “Economía Social de Mercado” aplicado al sistema económico alemán o al de “Economía Mixta” que alguna vez se popularizó en Costa Rica? Liberación mental. Los asuntos apuntados están sujetos a estudios multidisciplinarios, pero de la experiencia analizada por el embajador de la RPC se desprende una lección apoyada en suficiente evidencia experimental: el colapso de los muros mentales que impiden la evolución ascendente de las sociedades es un proceso inevitable. Cuando el embajador Wang Wiaoyuan concluyó su discurso, pensé: Los muros mentales siempre caen; la humanidad, a pesar de tanta violencia y fanatismo, evoluciona; en todo tiempo y lugar se supera a sí misma, las sociedades cambian, pierden el miedo, miran al futuro. Imposible saber el desenlace del proceso reformista chino, pero los últimos 30 años en la historia de ese país ejemplifican un elocuente episodio de liberación mental, análogo, quizás, al que tiene lugar en los espacios más diversos e insospechados de la patria costarricense, la que existe sin dogmas y sin cadenas, la que no es tocada por el odio ni la división, la que un día sí y otro también, como ocurrió el 15 de agosto en la Escuela de Relaciones Internacionales de la UNA, hace desaparecer los muros mentales, la violencia y la postración.
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