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América Latina Disturbios destruyeron prisión de Ponte Nova, en sureste del país Río de Janeiro. AFP. Veinticinco presos murieron carbonizados ayer en un incendio desatado por una batalla entre pandillas rivales de una superpoblada cárcel del estado de Minas Gerais, sureste de Brasil. “Confirmamos la muerte de 25 presos”, dijo un portavoz del gobierno del estado tras los disturbios que destruyeron la cárcel de Ponte Nova, a 180 km de Belo Horizonte, capital de Minas Gerais. En la madrugada de ayer un grupo de 20 detenidos invadió el ala en la que se encontraban miembros de una pandilla rival y atacaron al supuesto líder enemigo, según los primeros informes de la Policía. Simultáneamente, bañaron en combustible los colchones, lo cual desató un incendio que devastó el sector, relataron policías a medios locales. La Policía Militar utilizó un carro hidrante y bombas lacrimógenas para detener la batalla y reforzó la vigilancia interna y externa del predio, que albergaba a 175 presos en un espacio construido solo para 87.
Ningún recluso escapó, según las autoridades. La dirección de la prisión de Ponte Nova dijo que el incendio destruyó el piso superior del área invadida por los presos. La prisión será evacuada y sus 148 detenidos redistribuidos en otras cárceles de Minas Gerais. “Lo que pasó en Ponte Nova es la crónica de una situación anunciada” debido a su sobrepoblación, dijeron dirigentes de organismos de derechos humanos. “La situación es muy complicada. Faltan unos 100.000 lugares en las prisiones del país”, dijo José Carlos Brasileiro, especialista en cuestiones carcelarias de la secretaría de Derechos Humanos del estado de Río de Janeiro.
“Por ejemplo, en la prisión de mujeres de Miracema (a 350 km de Rio) hay ocho presas en cada celda de 1,5 metros cuadrados. No tienen colchones y las celdas están infestadas de ratas y cucarachas”, añadió el experto. “La sobrepoblación y la ociosidad de los presos están en el origen de las rebeliones y la violencia de las cárceles”, sostuvo. El desastre de Ponta Nova ocurrió tres días después de que el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva lanzó un programa nacional contra la violencia que incluye la construcción de 160 cárceles nuevas. El programa prevé inversiones totales por 3.000 millones de dólares en cinco años, en un país en el que anualmente se registran más de 40.000 homicidios. En las prisiones se registra promedialmente un motín cada 36 horas, según la Pastoral Carcelaria de la Iglesia Católica. El gobierno del estado de Minas Gerais refirmó ayer su “compromiso de atender el déficit histórico de plazas en el sistema penitenciario local” y ofreció asistencia a las familias de los presos muertos. En una nota oficial, el gobierno de Minas recordó que estos últimos años abrió 23 centros de detención nuevos. Actualmente, hay 35.000 presos en las 45 prisiones de ese estado. Un equipo forense viajó desde la capital de Minas Gerais a Ponte Nova para identificar los cuerpos de las víctimas.
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