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Asia Todos los líderes de las protestas han sido detenidos para evitar una rebelión Rangún. AFP. La tercera manifestación en las calles de Rangún en menos de una semana suscitó ayer la inquietud en el régimen de los generales que gobiernan Birmania ante el temor de una repetición de la revuelta democrática de 1988, según los analistas. Tras casi un decenio sin agitación, un grupo de activistas volvió a desafiar a la autoridad militar. Unas 40 personas, la mayoría de la Liga Nacional por la Democracia (LND), se dirigían ayer hacia la sede en Rangún del partido de la líder opositora bajo arresto domiciliario y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, cuando una columna de las fuerzas del orden y milicias progubernamentales les cortaron el paso. Los manifestantes, que protestaban por el aumento de los precios de los carburantes, intentaron resistirse formando una cadena humana en el suelo, pero finalmente fueron desalojados por la fuerza y subidos en camiones. Un centenar de personas asistió en silencio a la escena. Se trata de la tercera manifestación de este tipo en la capital desde el 19 de agosto. La mayor tuvo lugar el domingo y congregó a 500 personas. El miércoles se juntaron 150 personas antes de que la protesta fuese disuelta por las fuerzas leales a la junta militar. Lo mismo ayer, cuando la acción fue reprimida a los pocos instantes de iniciarse. Señal del nerviosismo que cunde en los actuales mandatarios birmanos, que rara vez reconocen las detenciones de opositores, la prensa oficial se apresuró a dar cuenta de los arrestos explicando que se fragua un complot “comparable con los hechos de 1988”. “Están preocupados, por eso publican esas informaciones”, opina Win Min, especialista sobre cuestiones birmanas. “Todos los que eran susceptibles de liderar las marchas fueron detenidos. Los generales tienen miedo de que deriven en protestas de mayor envergadura, como en 1988”, señala el experto. Los militares “nunca las han tenido todas consigo”, dice Aung Naing Oo, otro experto, establecido en Tailandia. “Y deberían estar preocupados, porque asistimos a los prolegómenos de una revuelta como en 1988”, dijo. En efecto, son las primeras reuniones públicas de protesta en casi diez años y son bien vistas por la mayoría de población, que de pronto ha tenido que enfrentarse a un aumento arbitrario de los precios de la gasolina (+66%) y del diésel (+100%). Al menos 20 activistas fueron detenidos desde el martes.
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