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¿Qué te hiciste, Presidente?

¿Y qué hay del discurso del egoísmo?, porque el TLC no es un programa de desarrollo social

Andrea Aguilar Calderón
Periodista

Hace un año, confesé públicamente que, por ahí de 1986, estaba enamorada de Óscar Arias. Bueno, nunca es tarde para retractarse de los errores. Era tan solo una niña, e igual podía gustarme él que Los Chicos.

Sin embargo, pese a mi corta edad, me encantaba pensar en que aquel hombre joven e inteligente era tan glorioso como el mejor príncipe de cuento. No es lo mismo luchar contra un dragón y salvar a una princesa, que luchar contra una guerra carnicera y salvar a miles de centroamericanos.

Dos décadas después, mi ya nada querido Presidente nos llama a no jugar deChe Guevara y apoyar las reformas (léase TLC) en aras de mantener la paz, que tanta sangre y dolor costó.

¡Qué fácil, señor Presidente! En algo tiene razón: no juguemos más a que las ideologías existen. Olvidémonos de que donPepe Figueres, excelso fundador del partido que usted representa, sacó a este país de la miseria por medio de una revolución bien hecha. Olvidémonos de que la socialdemocracia (¿no era esa la ideología de Liberación Nacional?) tiene raíces socialistas, esas mismas que desprecia porque ya pasaron de moda. Olvidémonos de que elChe Guevara era uno de los pocos hombres consecuentes que ha tenido la historia. “El discurso del odio (...) acaba, en el mejor de los casos, en una terrible división social…”.

Sí, tiene razón, ¿pero qué hay del discurso del egoísmo? Porque el TLC no es precisamente un programa de desarrollo social. Es un tratado en el que quien puede, puede, y, si no..., diay, salado. Por supuesto, tengamos fe en nosotros mismos...

¡Fe! Cuando gigantes como Wal-Mart (cuyo ingreso en el 2006 fue de $351.000 millones, muy superior al PIB de 154 países, según el FMI) se comen la empresa local, nos piden a los ticos (que ocupamos el puesto 82 en elranking del FMI), que tengamos fe. Fe: la fórmula más realista para salir adelante.

Tristes tiempos. ¡Qué hermoso era cuando podíamos pensar que el mundo podía cambiar! Es que, a los 20 años, el que no es comunista no tiene corazón y, a los 30, el que es comunista no tiene cerebro.

Es curioso: cada vez me acerco más a los 30 años y no noto que el cerebro se me reduzca para nada, pero el corazón sí me crece. No soy comunista, en realidad, nunca lo he sido, pero sí creo en la socialdemocracia. Esa que sí propone reformas en oposición a la violencia y que, al mismo tiempo, busca el bienestar de las mayorías. Y dudo, dudo muchísimo, que este bienestar lo alcance un TLC que pretende debilitar la pequeña empresa (que alguien me explique cómo se supone que la va a salvar), que va a generar “mejores” empleos (bueno, si estar en unsweat shop lo es) y que va a afectar los medicamentos genéricos que ayudan a miles de costarricenses a llevar una mejor calidad de vida.

¿Cómo, mi querido Presidente, cree usted que eso va a mantener la paz social? ¿No es usted premio Nobel como para ver que las grandes mayorías son las que se van a pelear las migajas de este TLC? ¿Estamos hablando de paz o de dinero?

20 años después. De fijo, usted no recuerda, don Óscar, que a mí me saludó cuando hacía campaña en 1986 en el Liceo Luis Dobles Segreda, durante una feria. Claro, cuando se es una niña más de las que se debe saludar en pos de la imagen, y una usa overol y no tiene dientes, no es exactamente “inolvidable”. Tampoco lo soy ahora, cuando en última instancia soy sólo un voto más para el referéndum y un voto que, definitivamente, usted no tuvo en las pasadas elecciones. Más allá, no tengo influencia alguna en su vida. Pero le aseguro que es una decepción profunda escucharlo decir, a 20 años de su gran hazaña de pacificar Centroamérica (un logro encomiable, sin duda), que la paz, el estado más puro al que puede aspirar un ser humano, depende de algo tan sucio como el dinero que pueda otorgar un TLC.

Me pregunto qué habrían pensado en Oslo si usted les hubiera salido con eso en su discurso. Posiblemente, hubieran suspirado y, como yo, hubiesen pensado: “¿Qué te hiciste, querido Presidente?”.

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