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Buenos Días

Rosita con espinas


Armando Mayorga


Hoy, las cosas parecen más claras y todo apunta a que en el caso de Rosita, la niña nicaragüense de nueve años que resultó embarazada en el 2002 en una finca de Turrialba, hubo un gran encubrimiento para favorecer al padrastro.

Ahora, en Nicaragua, el hombre es señalado como el padre de una bebé que tuvo Rosita hace casi dos años –a los 12 años– producto de los abusos en su casa.

Incluso, en declaraciones que habría dado a El Nuevo Diario , el padrastro se responsabilizó de haberla violado y embarazado aquí en Costa Rica y, aseguró, la madre lo sabía...

La mamá, entonces, debe dar la cara y ser cuestionada por el Poder Judicial de Nicaragua porque, con lo ocurrido, no solo se hizo pedazos la niñez de su hija, sino parte de la vida del agricultor costarricense de 20 años al que señalaron como culpable del primer embarazo.

Con lo que se sabe ahora, hay elementos para dudar de por qué la madre tardó dos meses y medio en denunciar la “violación”; por qué sacó a la niña del país por la frontera norte, a oscuras, para practicarle un “aborto terapéutico” en Nicaragua...

Pero no solo la madre debe dar explicaciones. Lo debe hacer también la llamada Red de Mujeres contra la Violencia, en Nicaragua, que ayudó a los padres de Rosita a sacar a la pequeña de Costa Rica y financió el aborto.

Ese grupo feminista actuó de manera irresponsable porque promovió el aborto, pero no exigió que se le practicara un examen de ADN al feto –el cual desapareció– para verificar quién era el progenitor.

Algo tan simple le habría evitado más abusos a Rosita, pero primaron los radicalismos de las feministas y, al final, ese grupo no le hizo honor a su nombre pues facilitó que Rosita enfrentara más violencia en su casa.

Esta espinosa historia no debe quedar como un caso más. En Nicaragua, se debe aclarar el papel que jugaron la madre y el grupo feminista que tanto denigraron a nuestro país.

Aquí, debe señalarse por qué la Fiscalía y autoridades policiales no tomaron medidas para evitar que la niña fuera sacada, a la carrera por la frontera.

Todo indica que dieron por cierta la versión de que el responsable era el campesino Alexis Barquero, quien, tras un proceso judicial de cuatro años y medio, comprobó la inocencia. Pero ¿quién le retribuirá los días de cárcel, la pérdida de su empleo y, sobre todo, su sufrimiento y el de sus parientes?

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