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Los bueyes delante de la carreta Así se hace: apoyar el TLC y exigir políticas públicas para recibir sus beneficiosVelia Govaere Vicarioli veliagov@racsa.co.cr El 14 de agosto parecía un día como cualquier otro. No lo fue. Ese día 73 alcaldes tuvieron la audacia y el buen tino de dejar perfectamente claro su apoyo al TLC y, al mismo tiempo, expresar patrióticamente su protesta por el olvido y el desamparo de miles de compatriotas que no han podido aprovechar los inmensos beneficios del comercio internacional. Los 73 alcaldes han iniciado lo que se podría convertir en un acto histórico. Ellos saben que cualquier demanda social no tendría sustento sin crecimiento económico y comprenden perfectamente que ese crecimiento depende en mucho de la aprobación del TLC. Por eso pusieron los bueyes delante de la carreta: Primero el apoyo al TLC, luego las demandas para aprovechar sus frutos. ¡Así se hace! Eso es lo que cada sector social debería estar haciendo, apoyar al TLC y exigir políticas públicas para tener acceso a sus beneficios. Hay dos cosas que solo los tontos pueden discutir. Una es que nuestro progreso económico depende de nuestra inserción al mercado internacional; la otra es que en Costa Rica los segmentos más ricos ganan cada vez más y los segmentos más pobres reciben cada vez menos. La visión de un político sabio es vincular ambas realidades y esto solo se logra propiciando mayor riqueza, con más y mejor comercio y, al mismo tiempo, desarrollando dinámicamente las capacidades territoriales y humanas para una distribución más equitativa de esa riqueza. No nos enredemos. Los sentimientos hostiles al TLC no nacen de las patrañas absurdas de quienes ya no hallan qué inventar contra el Tratado. Nuestro pueblo no es tan torpe como para creer que con el TLC se desatará la venta de órganos humanos, se acabará el agua de nuestras nacientes y comenzaremos a importar armamento atómico. No nos agotemos discutiendo tonterías. No son esas boberías las que serán determinantes frente a las urnas del referendo.
Ejemplo de los alcaldes. Démosle más crédito a nuestro incrédulo pueblo que siente en carne propia que el crecimiento económico empujado por el comercio se ha visto acompañado de mayor inequidad. Ahí nacen las contradicciones sociales de las que se alimentan los charlatanes. Pero hasta ahora ese resentimiento, con bases justas, es cierto, había tenido sólo un canal negativo de expresión destructiva y nihilista. Esta vez, la carta de los 73 alcaldes abre una nueva vía para expresar el descontento de una forma propositiva concreta y constructiva. Eso es lo nuevo. Los alcaldes entienden que no ha sido cierto que las gotas del progreso económico se deslicen en rebalse hasta las mesas de los pobres. Esa patraña tampoco nadie la cree. Por eso exigen –digo, en realidad, respetuosamente piden– que se invierta en desarrollo del capital humano en sus territorios, que se les brinde instrumentos para mejorar las capacidades de sus cantones para que, eso sí, se rebalse en competitividad, mejores salarios, más diversificadas exportaciones y mayor riqueza mejor distribuida. Se necesitaba la fuerza de 73 gobiernos locales para que su voz desempolvara los principios básicos de la equidad en las alacenas indiferentes de la burocracia del Estado. Si su voz fuera escuchada –digo, es un decir, como Cesar Vallejo–, si eso todavía fuera posible, estaríamos en la antesala de un nuevo pacto social, como los grandes, los que han abierto los grandes caminos de nuestra historia, solo que, esta vez, con mucho mayor impacto de corto plazo que ninguno antes. Las municipalidades. Los alcaldes tienen razón. Es cierto y nos vanagloriamos de que Costa Rica tiene 120 años de cultura, de educación, de paz y de democracia y decimos con orgullo y verdad que somos el país de Centroamérica que invierte más proporción de su presupuesto en salud y educación. Eso es verdad. Lo que no decimos, sin embargo, es que somos el país más centralizado de América Latina, superados solamente por Cuba, porque todavía somos los que aportamos menos proporción del presupuesto nacional al desarrollo de los gobiernos locales. La injusta repartición de la riqueza también contiene la injusta distribución de recursos entre los territorios. Las municipalidades pobres y aisladas quedan rezagadas, sus caminos, deteriorados, su ciudadanía, olvidada. Los alcaldes apoyan al TLC porque beneficia a Costa Rica, pero recuerdan que mayor sería ese beneficio si se incrementara la capacidad de cada municipalidad de incidir en el desarrollo del capital humano de sus cantones y en la competitividad de sus territorios. Así va el partido. ¿Dónde quedó la pelota? Las iniciativas del Ejecutivo son, sin duda, de gran trascendencia. Sin embargo, sería un craso error pensar que ahora le toca sólo al Gobierno. Eso no es totalmente cierto. La pelota sigue en nuestra cancha ciudadana. Los grandes documentos que han hecho la historia nacional se han firmado arriba, pero se han comenzado a escribir abajo. Los Gobiernos olvidan con gran facilidad lo que no palpita en las bases de la sociedad.
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