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Comentario del evangelio: Discordia saludable Hoy día nos pone la Iglesia ante un texto difícil. Exigente. Movilizador. Y esto para cualquier persona, creyente o no. Veamos por qué lo decimos. Jesús aparece pronunciándose acerca de la propia misión. Habla de “traer o prender” fuego. Una figura que, dura de por sí, habla de juicio, separación, purificación y transformación. Ninguna de esas maneras de leer el signo al que nos referimos deja de lado el conflicto, el rasgar o la transición –a veces conflictiva– de lo que era a lo nuevo. La causa de esa ignición ha de ser el anuncio de la Palabra y la acción del Espíritu. Impacientemente, Jesús agrega algo más: “¡ojalá estuviera ya ardiendo!”. Probablemente hoy día el Señor se expresaría con más vehemencia y mostraría, además de impaciencia, cierta decepción por la inutilidad de sus actuales colaboradores en lograr ese propósito que ya por entonces deseaba ver realizado. La eficacia de ese fuego pasa por un bautismo marcado por la sangre, el dolor y la tristeza. Por esto Jesús deja claro que ello le angustia hasta lo indecible. Su condición humana se reciente, sufre y le mueve a expresar ante los suyos lo que su interior padece. Un algo intolerable le lleva a no poder guardarse para sí lo que le pasa en ese momento A partir de aquí el texto se nos pone aún más fuerte. Jesús no soporta la paz a cualquier precio. Una idea llena de dramatismo. Con gran ironía, Jesús hace ver que no transige con cualquier paz. Que no mira bien la tranquilidad implicada en solo mantener el status quo . Y todo ello, menos aún, si se trata de una paz que implica comprometer la misma Palabra de Dios. Para momentos de violencia generalizada o de anarquía social, Jesús llama al perdón y a reencontrarse con los demás (cf Lc 6, 27ss; 9,51-56). Pero cuando se trata de hacer juicio y dejar ver lo auténtico separado de la escoria, vale tener carácter, plantarse y hacer lo que se tenga que hacer. El criterio a la hora de proceder, hablar o comprometerse es uno solo: la certeza de que se actúa movido por el Evangelio. Es esencial hoy día, en que es tan importante el compromiso político y social de los cristianos en medio de la sociedad, el no renunciar por razón alguna a “agitar” cualquier paz que suene a “orden en el estancamiento” o bien, a “orden en la injusticia de las mayorías”. Ni uno ni otro. Está en el inteligente, recto y evangélico discernir de cada cristiano, laico o clérigo, hacer sus opciones siendo así parte de esta discordia saludable. P. Mauricio Víquez Lizano.
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