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Futbol, una ciencia exacta EliseoQuesada equesada@nacion.com Editor Cuando Alexandre Guimaraes dijo, en la eliminatoria al Mundial de Alemania 2006, que la derrota contra México “estaba presupuestaba”, la frase provocó toda clase de críticas. Hubo quienes la tomaron con hilaridad y otros que arremetieron fuerte contra el técnico al cuestionarle cómo era posible que planificara un partido pensando en que lo iba a perder. Lo cierto del caso es que el error deGuima fue aceptar públicamente algo que se maneja cada vez más comúnmente en el futbol. De hecho, la reciente primera fase de la Copa de la Uncaf es una buena muestra de cómo cada vez más el futbol se está convirtiendo en una ciencia exacta. Ahora, detrás de la tablita con la cancha dibujada en la cual los técnicos trazan jugadas en el campo hay una calculadora que los entrenadores usan con más frecuencia que antes para hacer números de los partidos que tienen que ganar, los que pueden empatar y aquellos que pueden perder. Así es el futbol de hoy en día. Entonces vemos cómo los directores técnicos vuelven de empatar o perder un partido ante un rival mucho menos desarrollado y sin empacho aseguran que se jugó bien, que se logró el objetivo, que lo importante era clasificar. ¿Y el espectáculo? Bueno, no es indispensable, se da cuando se puede, se prioriza el resultado y se desdeña el sentido lúdico de una disciplina que se ganó su lugar como número uno del planeta gracias al talento de quienes se entregaron para deleitar al público. Romántico. Ya sé que mi planteamiento puede parecer anticuado y que la tónica de buscar los números por encima del arte es propio de la sociedad actual, donde se mide a las personas por sus resultados. Pero es que yo creo que el futbol debería ser diferente por su rango de deporte predilecto de masas. El futbol debería ocuparse de llenarle los ojos al aficionado, hacerlo saltar de su asiento, atraparlo durante los 90 y resto de minutos que tiene un juego y dejarlo salir del estadio pero con la convicción de que a la semana siguiente volverá a vivir ese show que lo dejó con hambre de buscar más. El resultado debería ser la consecuencia de ese espectacular juego desplegado en la cancha, en vez de ser la única prioridad. Tal vez así no veríamos tantos espacios vacíos en los estadios costarricenses, porque la gente sabría que sin importar el marcador, gozaría de una buena velada. Eso gustaría más que ver a uno o dos equipos empeñados en jugar a no perder.
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