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Enfoque Jorge Vargas Cullel La semana pasada hablé sobre lo que podría haber ocurrido en Costa Rica si nuestro Gobierno no hubiera firmado el TLC con Estados Unidos y la Sala IV hubiera mantenido la prohibición de la reelección presidencial. Hasta mi papá me dijo: “Varguitas, ¿usted sigue fumando de aquello?” Le aseguré que no. Quise sugerir que, aunque ciertos eventos no se hubieran dado, los fundamentos de nuestra situación política son tales que, de no variar, más tarde o temprano llegaríamos a resultados similares de polarización y empate. En esta ocasión no hablaré de mundos alternativos, sino de nuestra situación real. Uno de los resultados poco analizados de las elecciones nacionales del 2006 es que el centro de gravedad de la política costarricense se trasladó de la centro-derecha hacia la centro-izquierda. El hundimiento electoral del PUSC y los magros resultados del Libertario disminuyeron la fuerza política de las derechas. El buen resultado electoral del PAC, un partido que disputa a Liberación Nacional la “interpretación auténtica” del legado socialdemócrata, insinuaba que, en los próximos años, el negocio de la política costarricense podía transcurrir por una especie de “tercera vía” frente a las ortodoxias liberales. Solo que... solo que había un TLC con Estados Unidos de por medio. Como consecuencia, no terminamos con un gobierno de gran coalición, donde los partidos mayoritarios imponen una agenda común. El estilete del TLC desgarró el nuevo centro de gravedad político pues abrió un profundo corte entre las dos principales agrupaciones: dos partidos reformistas con propuestas similares. Es como si la separación bíblica de las aguas del mar Rojo hubiera ocurrido en el ojo de una aguja. Desgarrado el centro de gravedad, la oportunidad de introducir un nuevo balance en el sistema político costarricense se ha debilitado, al menos en el corto plazo. Sin gravedad, hoy priman las fuerzas centrífugas. Los dos partidos reformistas huyen de sí y del centro. Se refugian en alianzas parlamentarias y extraparlamentarias que, bien miradas, son arroces con mango (por el lado del SÍ y del NO). Lo más probable es que, en la época del post-referéndum, estas alianzas se quiebren como galletas de soda. Las vueltas que da la vida: las oposiciones capitalismo/anticapitalismo, sistema/antisistema que se han colgado al debate del TLC están hoy rocambolescamente enarboladas por dos partidos reformistas que andan a las puñaladas. Se trata de una confusa polarización que es, en parte, producto de errores tácticos. Los sistemas políticos descentrados son como edificios falseados. ¿A qué le estarán apostando los reformistas?
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