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EDITORIAL

El SÍ de los alcaldes

Es posible construir alianzas para potenciar los beneficios del TLC
Su planteamiento demuestra realismo, claridad y responsabilidad política


El apoyo que 73 de los 81 alcaldes del país han dado a la ratificación del TLC tiene una gran trascendencia nacional, y por partida doble. En primer lugar, implica una inteligente apuesta al desarrollo, la modernidad y las oportunidades que brinda el Tratado –de forma directa o indirecta– a todos los costarricenses; también, una clara comprensión de los perjuicios que traería quedarnos fuera del acuerdo. Pero su respaldo tiene un peso adicional, ligado a sus responsabilidades políticas y administrativas: un compromiso con gobiernos locales más eficaces, cercanos a las necesidades de sus vecinos, deseosos de asumir mayores competencias y, por ende, más activos en la vida pública.

A lo anterior hay que sumar el carácter pluripartidista del documento, lo cual le otorga mayor fuerza y valor.

En su texto de apoyo, los alcaldes destacan los beneficios que ya han traído al país la “apertura del comercio exterior y la desregulación de los mercados”, algo que será potenciado “con el ingreso a la zona de libre comercio de Centroamérica y Norteamérica”, es decir, el TLC. Reconocen que estos logros, si bien han sido esenciales, “no se han traducido en una mejor distribución del ingreso ni han contribuido, de manera contundente, a hacer desaparecer la pobreza”. Pero, como corresponde, en lugar de utilizar este argumento para oponerse a la ratificación del Tratado, los alcaldes apuestan a una serie de medidas, algunas ya en marcha, para lograr que sus frutos se extiendan a mayores sectores de la población y, sobre todo, impacten de manera positiva las condiciones de vida de sus cantones.

Como argumento adicional para apoyar el TLC, su documento considera las negativas consecuencias de quedar fuera, en estos términos: “No firmar el Tratado amenazaría el acceso privilegiado al principal mercado del planeta, nos excluiría de buena parte del mercado centroamericano, nos restaría atractivo como destino de inversiones de calidad, amenazando los niveles actuales y futuros de empleo, y nos alienaría de la dinámica económica y diplomática de la región”. Todo esto es absolutamente exacto, y llama la atención que muchos dirigentes del NO insistan en desconocerlo irresponsablemente.

Si quedar fuera produciría graves consecuencias, y estar dentro claros beneficios, la actitud racional, responsable y realmente patriótica es ratificarlo y poner en marcha políticas nacionales y locales que permitan extender los aportes del TLC a la mayor cantidad posible de personas y, además, reforzar la institucionalidad y el músculo de los municipios.

Es en atención a lo anterior que los alcaldes proponen impulsar la reforma tributaria para aumentar los ingresos del Estado. De este modo, se podrán destinar más recursos a ámbitos prioritarios del país y a dar sustento económico a su aspiración de que se dedique un creciente porcentaje de los recursos públicos a mejorar el desempeño de los gobiernos locales y a realizar obras de impacto cantonal. También plantean iniciativas en materia salarial (para beneficiar a los más pobres), de protección a los recursos hídricos y de impulso al bienestar general de sus localidades.

En el acto donde se entregó el documento al presidente Óscar Arias, celebrado el martes en el auditorio de la Conferencia Episcopal, el mandatario ofreció, concretamente, transferir a los municipios ¢26.000 millones de asistencia económica que se negocian con China, y dar impulso, a partir de iniciativas gubernamentales ya en marcha, y otras que se emprenderán, a medidas como las propuestas.

Estamos, por todo lo anterior, ante un ejemplo de responsabilidad política, volcada en pro del desarrollo, que, lastimosamente, han desperdiciado múltiples sectores opuestos al TLC. Porque es mediante los planteamientos asentados en la realidad, no con falacias y amenazas, que deben emprenderse los acuerdos en pro del país. En esto, el ejemplo de los alcaldes es sumamente valioso.

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