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Testigo: ‘Burgos llenó de cariño y chineos a Maureen’ Josefina Hernández asegura que Burgos nunca agredió a su esposaDice que acusado tenía interés en que Maureen se superara como profesional Rónald Moya mail@nacion.com Una empleada doméstica que trabajó en el apartamento de Luis Fernando Burgos y su esposa, Maureen Hidalgo, durante los primeros cinco meses del 2006, calificó ayer como “llena de cariño” la relación entre la pareja. Josefina Hernández Mora, testigo presentada al tribunal por la defensa de Burgos, dijo que trabajó con este entre el 3 de enero y el 31 de mayo del 2006 y que durante ese lapso nunca supo de ningún maltrato hacia su esposa. Reiteró ante los jueces que Burgos trataba con mucho cariño a Maureen y que esta nunca le dio ninguna queja de su marido ni le comentó que el exdefensor público la agrediera. Hernández manifestó que el trato entre la pareja era tan cariñoso que él solo llamaba a Maureen como “Mi chocomina” y ella solo lo llamaba a él como “Mi chocomino”. La testigo señaló que los esposos salían juntos a trabajar al Poder Judicial todos los días en la mañana en un solo vehículo y que regresaban juntos a almorzar a eso de las 12 mediodía. “Durante las horas de almuerzo hasta se ponían a jugar, era una relación muy bonita; yo nunca los escuche discutir por nada”, indicó Hernández. Nada de moretes. El defensor, Jorge Rojas, le preguntó si en alguna ocasión había observado algún morete en el cuerpo de Maureen y la respuesta fue negativa. Su versión contradijo a la también empleada doméstica Dalila Álvarez, quien trabajó con la pareja durante el mes de junio del 2006. Esta testigo señaló ante el Tribunal que una vez Maureen le enseñó moretes debido a golpes propinados por su esposo. Según Hernández, Burgos “chineaba” tanto a Maureen que cuando ella tenía la menstruación “la alzaba, le llevaba la comida a la cama y le traía medicamentos; Maureen era una persona alegre, bromeaba, era como una niña”. Declaró que Burgos quería que su esposa dejara de trabajar en el Poder Judicial para que estudiara y se formara profesionalmente. El fiscal Christian Ulate le preguntó sobre los momentos que ella compartía con la pareja y respondió: “Eran ratos, cuando llegaban a almorzar y los sábados cuando ellos no tenían que trabajar”. Dijo que su horario de trabajo era de 8 a. m. a 4 p. m. de lunes a sábado. Otro testimonio. Ayer en la tarde el Tribunal también recibió el testimonio de Marcia Patricia Martínez, otra empleada doméstica que trabajó con Burgos a partir del jueves 13 de julio, cuando el propio abogado la reportó desaparecida. La testigo manifestó que ese 13 de julio cuando llegó al apartamento a trabajar lo encontró “con todo en su lugar” y que su patrón estaba muy dolido por la desaparición de su esposa. Dijo que en horas de la tarde del mismo jueves, Burgos salió del apartamento hacia la clínica Marcial Fallas, ubicada en Desamparados, a preguntar si Maureen se hallaba ahí. De acuerdo con la acusación del Ministerio Público, ese jueves 13 de julio, probablemente en horas de la madrugada, Burgos, con ayuda de alguien no identificado, sacó el cadáver del apartamento y lo trasladó en un vehículo hasta Concepción de Atenas para tirarlo en un barranco, a un lado de la carretera. Martínez dijo que cuando Burgos se enteró, el 16 de julio, por las noticias, de la muerte de su esposa se sintió muy triste.
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