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Apreciación sesgada

Los estadios jamás pueden ser sitios para instigadores

Fernando Coto Martén
Sociólogo

Por iniciativa del extesorero del equipo de futbol de la Universidad de Costa Rica, don Óscar Mena, me dispuse a elaborar un proyecto de actividad cultural, con énfasis en promoción de la salud, que dirigí a las autoridades universitarias, con el propósito de que me nombraran profesor. La idea sería reunirme los sábados con los muchachos y muchachas que se matriculen para practicar y los domingos asistir al estadio a hacer barra y organizar a la afición.

Agradezco a quien me hizo elaborar esta iniciativa y darle perfil técnico; me dio oportunidad para sistematizar una propuesta, la del laboratorio de la comunicación social, para apuntalar la actuación del equipo de futbol, recientemente ascendido a primera división.

Por estar ofreciendo cosas, salarios y beneficios a los jugadores, sin estar autorizado, lo hicieron renunciar. Él se había comprometido a mover el asunto y promover nuestra participación entre las autoridades universitarias.

Retorno. El 5 de agosto, acudí al Estadio Nacional al partido frente a Carmelita, con el único objetivo de cumplir con el “eterno retorno” filosófico. El debut del equipo de futbol de la UCR, mi querida institución, a la que apoyé cuando estaba en la Presidencia de la FEUCR, razón por la que fui perseguido por quienes hablaban de seriedad y eran meros politiqueros, se olvidaba de los valores e intereses de la juventud y adolecía del más elemental buen humor.

Ahora, para continuar con nuestra gestión y motivar a los jugadores, requiero condiciones de trabajo. Igual, para preparar mentalmente al equipo, sería bueno programar algunas sesiones y hacer dinámicas, como se sugiere en el Proyecto del Taller de Ritmos y Expresión Tropical Popular Universitaria.

En honor a la verdad, el motivo para irme del estadio, casi al finalizar el primer tiempo, fue el comportamiento de un supuesto profesional universitario, que despotricó de manera violenta contra algunos los jugadores del equipo contrario. Además, jugaba de gracioso. Exhalaba un mensaje violento, que atentaba contra de la integridad física de varios deportistas. Además, “choteaba” a algunos jugadores universitarios. Apunto que he dedicado toda una vida a estudiar el fenómeno de la participación social.

No valen. Las causas que expone don Roberto García –cronista del partido de marras– como motivo de mi retirada no son válidas ni ciertas. No se apegan a la realidad. Sin embargo, tengo que agradecérselo pues, como dijo don Pepe Figueres, “lo importante es que hablen de uno”.

Observemos, entonces, lo que en efecto sucedió. El hecho es que en un ambiente donde impere este tipo de actitudes, resulta difícil trabajar y tomar decisiones, con el apoyo de la ciencia social y el sistema orgánico de comunicación colectiva de que hacemos gala. En teoría, desarrollamos el gesto inicial para dar paso a la interacción social.

Quisimos generar un precedente, consultar a la gente al respecto y dar una lección al advenedizo gritón, señalar su conducta negativa. Las graderías deben ser espacios para el ejercicio de la libertad de expresión y la liberación de tensiones, pero, ¡cuidado!, pues en algunos casos, las manifestaciones populares perjudican al equipo. Los estadios jamás pueden ser sitios para estos instigadores, que se “pasean” en el espectáculo. Hay que ejercer un control.

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