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Norteamérica Retiro deja estela de escándalos en altas esferas del gobierno de Bush Washington. Reuters, AFP y EFE. Karl Rove, artífice de las victorias electorales de George W. Bush y sujeto de controversia con la oposición demócrata, anunció ayer su renuncia a la Casa Blanca a finales de agosto, en un momento crítico para el Presidente. La marcha de Rove, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y al que se conoce como el arquitecto de las campañas de Bush, es la última de una serie de pérdidas de asesores del Presidente estadounidense en los meses recientes. “El mundo giró muchas veces desde que comenzó nuestro viaje”, dijo un emocionado Rove, de 56 años, quien se encontraba junto a Bush en la Casa Blanca. “Echaré de menos profundamente mi trabajo aquí, a mis colegas y la oportunidad de servirle a usted y a la nación”, agregó. Su último día en la Casa Blanca será el 31 de agosto. Antes de iniciar sus vacaciones de dos semanas en Texas, Bush declaró sobre quien ha sido su amigo por 34 años: “Nosotros todavía vamos a seguir siendo amigos. Estaré en el mismo camino detrás tuyo en poco tiempo”. Pese a los motivos oficiales, lo cierto es que la partida de Rove, de 56 años, se produce en medio de un acalorado debate sobre su supuesto protagonismo en el despido de nueve fiscales federales, que, según los demócratas, obedece a motivos políticos y que se investiga en el Congreso. Rove, de hecho, se acogió al privilegio que otorga al Ejecutivo inmunidad frente a cualquier acción judicial o investigación del Congreso, para no testificar sobre el asunto. Pero Patrick Leahy, el demócrata que preside el Comité Judicial del Senado, aseguró que la salida de Rove no cierra el tema. “Hay una nube sobre esta Casa Blanca y una tormenta a la vista. Una nube similar envuelve a Rove a pesar de su partida de la Casa Blanca”, aseguró Leahy. Esa polémica se suma a la que se desató tras la filtración a la prensa en julio del 2003 del nombre de la exespía de la CIA, Valerie Plame, en una complicada maniobra que costó el puesto al exjefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney y tras la que muchos vieron la maquiavélica mano de Rove. Controversias a un lado, su desaparición de escena deja a la Casa Blanca sin su principal talento político en vísperas de la presentación en setiembre de un informe clave sobre la marcha de la guerra en Iraq, una amarga batalla a la vista sobre el presupuesto y la incertidumbre planteada por la crisis del sector inmobiliario. La partida de Rove podría complicar la agenda de Bush para sus últimos 17 meses en el gobierno. Rove ayudó a los republicanos a ampliar sus mayorías en el Congreso, después de que Bush ganó las elecciones presidenciales del 2000. Sin embargo, Bush y Rove tuvieron un retroceso en el 2006 cuando los demócratas obtuvieron el control del Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Algunos de sus críticos han señalado que la imagen sobre la guerra en Iraq y los fracasos en temas de migración y seguridad social podrían ser parte del legado de Rove. “Las preguntas sin respuestas y la división política son parte del legado de Rove”, manifestó el senador John Kerry, un demócrata que en el 2004 perdió ante Bush las elecciones presidenciales. Rove ha sido una figura clave durante la presidencia de Bush, pero no está exento de polémicas, como el ser sujeto de investigación de un fiscal especial que busca al responsable de la filtración de identidad de una agente encubierta de la CIA, pero no fue acusado formalmente. Aunque nunca estuvo involucrado en decisiones de política exterior, varios periódicos señalaron que Rove habría tenido un papel clave en convencer al Congreso a apoyar la invasión a Iraq en el 2003. Rove dirigió las reuniones del Grupo para Iraq de la Casa Blanca, creado meses antes de la invasión con el fin de instruir a la opinión pública sobre la “amenaza” que representaba Sadam Husein.
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