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Opinión Gustavo Jiménez gujimenez@nacion.com Periodista Solo un entrenador sabe con certeza qué le ve a un jugador a la hora de darle la oportunidad en un equipo o una Selección. Aunque en algunos casos es evidente, por la habilidad del muchacho, en otros es un asunto de ojo clínico, un “no sé qué” difícil de entender para los demás. A fin de cuentas ese es el trabajo de los entrenadores. El de la Mayor, por ejemplo, debe escoger entre 200 futbolistas que tienen derecho de ser incluidos en la lista. En cada convocatoria el técnico hipoteca algo de su credibilidad. Si acierta en la elección, y el jugador le responde, los méritos serán para el valiente que decidió darle la oportunidad cuando antes todos marginaban al pobre muchacho. Pero si el futbolista falla, sobrará quiénes le recriminen al entrenador por el tremendo gazapo, cómo se le ocurrió llamar a ese, si todo el mundo sabía que no iba a dar la talla, qué desperdicio. El ejercicio, sin embargo, es inevitable. El director técnico debe hacer su lista y apostar porque ese jugador que arrancó aplausos el domingo no se arrugue cuando le toque ponerse la camisa roja. Ahora o nunca. Los futbolistas deberían entender las convocatorias a la Selección como el examen definitivo para su carrera. Algunos solo son tomados en cuenta una vez. Otros, como Óscar Rojas, tienen oportunidad de repetir, incluso varias veces. Rojas quedó por fuera de los últimos dos mundiales. Para el primero, el de Corea, se le dio oportunidad en una gira previa por Asia, pero no respondió. Por el contrario, Winston Parks entró de cambio en esos partidos, marcó diferencia y a punta de futbol convenció a Alexandre Guimaraes de incluirlo entre los 23 elegidos. ¿Ven qué fácil resulta? Óscar volvió a probar suerte en la Copa de Oro del 2005, pero por segunda vez otros jugadores se le adelantaron y quedó descartado para Alemania. Ahora recibe una nueva oportunidad, en un momento de madurez de su carrera. Quizás por los golpes del pasado, o por la experiencia acumulada en México, o porque simplemente ya le toca, esta sea su hora buena. Para otros convocados de esta vez, como Willy Eras, Marvin Angulo o Esteban Sirias, el partido ante Perú también es vital. Aunque les toque jugar cinco minutos. Ninguno sabe cuándo les volverán a dar una oportunidad así. Es ahora cuando hay que responder. Sin excusas. El año próximo, cuando empiece el camino hacia el Mundial, será muy tarde para lamentarse.
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