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Balazo de asaltante dejó a policía en silla de ruedas Oficial sufre fuertes depresiones y teme por futuro de su familiaEl sujeto que le disparó a quemarropa escapó y sigue en fuga Nicolás Aguilar R.y Carlos Hernández P. naguilar@nacion.com Sabía que su trabajo era de altísimo riesgo; incluso, familiares le recomendaban buscar otro, pero el sueño de Antonio Monterrey Potoy, de 37 años, era ser policía. Todo iba bien, hasta que una bala cambió radicalmente su vida y la de su familia. Monterrey, quien trabaja en la Fuerza Pública desde 1991, fue gravemente herido en la madrugada del 1.° de mayo por uno de cuatro delincuentes que intentaban robar las computadoras del Colegio de San José de Upala, Alajuela. Aunque sobrevivió, los médicos le dieron varias semanas después la peor noticia de su vida: la bala le fracturó la columna vertebral y permanecerá en silla de ruedas. Tres meses después el policía teme por el futuro de su esposa y de sus tres hijos de 14, 11 y 3 años, quienes lo apoyan y no se cansan de repetirle que “siga adelante, que todo saldrá bien”. No obstante, el oficial, quien usa por ahora una silla de ruedas prestada, sufre de depresiones. “Recuerdo que miré un fogonazo. Entonces di media vuelta y fue en ese momento cuando el tipo me volvió a disparar. Sentí un calambre de la cintura hacia abajo, caí al suelo y dejé de sentir las piernas”, recuerda sentado en un sillón de la sala de su casa, donde pasa gran parte del día triste y meditabundo pues está incapacitado. El agente acudió al colegio de Upala tras un informe acerca de la presencia de cuatro ladrones. Aunque llevaba en la mano derecha el arma de reglamento, uno de los delincuentes lo sorprendió en la oscuridad y le disparó dos veces a quemarropa. “Soy sincero y así se lo confesé a mí esposa e hijos. Pensé que lo mejor era haber muerto porque soy una persona muy activa y ahora estoy postrado en una silla de ruedas; no puedo hacer nada, ni siquiera bañarme solo”, expresó Monterrey. Plegarias. Él es un hombre de fe y, sobre todo de noche, cuando quiere ir al baño o a la cocina por un vaso de agua y no puede, “le pido a Dios que me ayude a entender y a sobrellevar esta pesada carga”. Los médicos le confirmaron la semana anterior que no existen tratamientos que garanticen su plena rehabilitación. “A mí esposa e hijos también les he pedido disculpas. Yo sé que ellos también están sufriendo mucho mi tragedia”, añade. Pese a que recibe su salario, no sabe por cuánto tiempo más se lo darán. “No sé si me jubilarán por invalidez, ni cuánto me tocará, si alcanzará para mantener a mi familia y eso me preocupa mucho”, añade con voz entrecortada. El delincuente que le disparó no ha sido identificado y sigue en fuga, según la Policía Judicial.
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