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Historia en basureros

Dicen que, al fin, el botadero de Río Azul será historia

Thelmo Vargas
Economista

Los primeros dos años del Liceo Napoleón Quesada, donde cursé la secundaria, transcurrieron en precarias instalaciones prestadas. Después el colegio se trasladó a su sitio actual, en Guadalupe, donde antes de la II Guerra Mundial estuvo un club campestre de alemanes y posteriormente una escuela militar. El traslado quizás fue un poco intempestivo, pues se hizo cuando todavía quedaba en el sitio algún material de desecho de la antigua escuela militar. Además de sillas y mesas quebradas, en una bodega abierta había unas cajas llenas de viejos “partes”, emitidos contra infractores de la ley, que los alumnos leíamos en voz alta con gran interés durante los recreos, pues, en general, eran muy simpáticos.

No recuerdo haber leído ninguno emitido por exceso de velocidad, ni por asesinato de la compañera sentimental, mas sí por robo de gallinas y de ropa tendida. La mayoría era por problemas atribuibles al cambio de conducta que acompaña a quienes se pasan de copas (in vino veritas? ). Ejemplos (palabra más, palabra menos) de los que recuerdo: “Tiene el detenido fama de que cuando toma tragos le falta el respeto a señoritas del cantón, como sucedió esta tarde”; “Se procedió a arrestarlo porque irrespetuosamente llamó a la autoridad ‘hijueputas sodomos’”.

Depósitos de información. La basura, y los basureros, siempre han acompañado a la humanidad. Ellos son depositarios de mucha información. Y quien busque sinceridad debería apreciarlos. Los especialistas en “estudios de mercado” saben que a los encuestadores la gente suele responder con algunas mentirillas. Hay quienes dicen consumir vino Pouilly Fuisse (cuyo precio en el supermercado sobrepasa los ¢20.000 por botella), pero su basurero lo que muestra es que el vino que toma es otro que cuesta ¢3.000. La veritas del vino.

En nuestro medio, la lluvia suele destruir rápidamente mucha información de los basureros y por ello quien quiera obtenerla debe actuar muy rápido. (Hoy el análisis de los “mercadólogos” no tiene que ser físico, puede ser virtual, pues los supermercados conservan bases de datos que identifican clientes, residencia y –ciertamente– consumo familiar efectivo). Pero en Egipto, en una zona permanentemente seca, que no está expuesta a las inundaciones del Nilo, se descubrió el basurero de una antigua ciudad griega llamada Oxyrhynchon, de unos 11.000 habitantes, que se convirtió en la meca de arqueólogos, pues –entre otros– tenía más de 50.000 papiros con información de todo tipo. Con ella la “papirología” se convirtió en una forma más de estudiar la cultura clásica.

Documentos valiosos. En el sitio se encontraron fragmentos de obras de autores como Sófocles y Esquilo, y –sobre todo– escritos, triviales entonces, pero de enorme interés hoy: detalles de cuentas a cobrar, recibos de impuestos, listas de requisitos para trámites burocráticos, quejas ante el Gobierno, juicios, apuntes de escolares, testamentos, invitaciones a bodas, solicitudes de inscripción de terrenos y cartas de amor.

Difícilmente toda esta información habría sido recogida por los historiadores, pues por historia se interpretó solo lo que los ostentadores del poder definieran como tal, con todo el heroísmo, fantasía y exageración con que quisieran adobarla. Pero la historia que revelan los basureros es, en mucho, historia de la realidad.

Con su cierre, Río Azul se lleva una cantidad de secretos. El juguete del niño destruido de tanto uso; el pedacito de lotería premiado que su comprador –acostumbrado a nunca ganar– botó sin revisar; el sartén que perdió su capacitad antiadherente; el zapato con que un jugador metió el gol que alegró a multitudes; el huequeado calzoncillo de grandes batallas; el borrador de un artículo paraLa Nación que su autor nunca envió y muchos otros escritos que podríamos denominar correos basura. Como este.

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