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/LA NACIÓN

Libre comercio ayer y siempre

Hay que aprovechar las oportunidades con sudor, esfuerzo, creatividad y motivación

Luis Amador
c2k8y@unb.ca
Ingeniero

Siglo XVIII: los tatarabuelos exportaban a Europa; el comercio exterior del café y del banano impulsaban la economía. Primera mitad del siglo XX: los abuelos se asombraban por el crecimiento, miraban el establecimiento del Seguro Social, reflejo de los esfuerzos estatales para garantizar un nivel mínimo de calidad de vida. A mediados del siglo, un grupo de ticos seguía las tendencias mundiales y cambiaba el rumbo de nuestra historia: se establecía el Estado empresario, exitoso al inicio, ineficiente al final.

Nuestra cultura y escasa visión empresarial, junto al poco aprovechamiento del comercio exterior, abrió paso al coyuntural éxito del estado empresario, que suplantó la brecha entre innovación, eficiencia y motivación empresarial con conformismo ocupacional, empleos y subsidios, inflación liviana y estado inversionista, sobrerregulado, corazón artificial de la economía que, adoptando lo mejor de los dos mundos, incentivó las exportaciones, pujó por la diversificación, atrajo el turismo..., pero también monopolizó el empleo, soportó insosteniblemente controles de precios y producción ineficiente, tergiversando las fuerzas del libre mercado.

Apertura. En la década de 1990, llega la esperada y temida apertura de la banca, primer monopolio que se rompe. Hoy, a dos decenios, podemos disfrutar de mejores servicios, condiciones de crédito y tasas de interés, podemos decir que se modernizaron y compitieron o se diferenciaron y conformaron.

Norteamérica y Europa: aquí desde hace años un celular es gratis al tomar un plan de telefonía, la conexión a Internet se ofrece como parte de un paquete con descuentos, las aseguradoras compiten por precios y servicio, cobertura y satisfacción al cliente. Hoy un limón cuesta ¢500 colones, un banano, ¢150, una piña, ¢2.000, una papaya, ¢1.200, un melón, ¢1.000, y sus precios se disparan entre noviembre y abril, cuando se congelan las tierras y la total infertilidad de los productos locales abre aún mas las puertas a las importaciones del trópico para la continuación de un alto estándar de vida, basado en salud y diversidad alimentaria.

Estabilidad. Estamos cerca pero no soñamos en grande, nuestra moneda se encuentra estable, nuestro prestigio es amplio por el turismo, las tasas de interés y la inflación están en su mínimo histórico, la devaluación, en coma, la economía, diversificada, la profesionalización de las amplias clases medias y las oportunidades de la inversión extranjera y nacional han permitido la mejoría de quienes han sabido aprovechar las oportunidades con sudor, esfuerzo, creatividad y motivación.

El reducido gigante esta maniatado; en la maraña del colapsado aparato estatal todo esta ligado; las decisiones y el poder cedieron ante los procedimientos sobre controles, leyes y reglamentos. Aun así, quedan esperanzas: la aplicación de mejores sistemas para administrar el gasto público, la educación competitiva con enfoque innovador, mentalidad empresarial y el libre comercio. Si Costa Rica fuera un barco, las fuerzas del libre comercio serían como los vientos del mar: podemos ignorarlos y viajar sin rumbo o aprovecharlos para propulsar el desarrollo.

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