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Oriente Medio Aunque no habrá ninguna celebración oficial el grupo chiita convocó a un acto Beirut. AFP. El movimiento chiita libanés Hezbolá celebra esta semana el aniversario de su “divina victoria” de hace un año frente a Israel, mientras Líbano se debate desde hace nueve meses en una crisis política y económica. En las avenidas de los barrios chiitas del sur de Beirut, controlados totalmente por el partido y sus milicianos, diversas pancartas proclaman que “llegó la era de la victoria”. Un gran acto fue convocado allí para el 14 de agosto con ocasión del primer aniversario del cese de las hostilidades. Está previsto que el líder del movimiento, Hasan Nasralá, que vive en la clandestinidad amenazado de muerte por Israel, dé un discurso que será retransmitido por pantalla gigante. “Es un gran aniversario para Líbano”, afirma Husein Rahhal, portavoz de Hezbolá. La gran ofensiva israelí comenzó el 12 de julio del 2006 en respuesta al secuestro de dos de sus soldados por Hezbolá en la frontera libanesa-israelí. En 34 días, el ejército israelí mató a 1.200 personas y su aviación destruyó buena parte de la infraestructura de Líbano. Israel registró 160 bajas, una parte en su territorio, víctimas de cohetes de Hezbolá. El conflicto concluyó con un alto el fuego negociado en la ONU que permitió el despliegue en la frontera entre ambos países de 15.000 soldados libaneses y 13.500 cascos azules, entre ellos 1.100 españoles de los que seis (tres de origen colombiano) murieron en el primer atentado mortal contra esas fuerzas el 24 de junio. Para el portavoz Rahhal, de Hezbolá, de aquella contienda se desprende que “Líbano puede defenderse solo”. La resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU prohíbe no obstante que en Líbano haya más armamento que el de las autoridades. Hezbolá, sin embargo, se niega a desmantelar su arsenal mientras “el enemigo siga dispuesto a lanzar agresiones”. Oficialmente no habrá ninguna conmemoración de este aniversario, mientras el país está sumido desde el final de la contienda en una profunda crisis política que paraliza las instituciones, una situación sin precedentes desde la guerra civil que acabó en 1990. La inestabilidad se agrava por los combates en un campo de refugiados palestinos en el norte del país entre el ejército libanés y el grupo islamista Fatá al Islam. “La resistencia logró acabar con el mito de que el ejército israelí es invencible, pero no se puede hablar de victoria cuando Líbano ha sufrido tanta destrucción”, señaló la ministra de Asuntos Sociales, Nayla Moawad. “La guerra agravó muchísimo la crisis política y económica y la emigración”, añadió. En efecto, el turismo y la inversión extranjera se han resentido mucho. En los meses que siguieron a la guerra, la oposición libanesa liderada por Hezbolá , apoyado por Siria e Irán, se rebeló contra el gobierno apoyado por Occidente. Además, fueron asesinadas varias personalidades antisirias.
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