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Noticias Opinión:

EDITORIAL

Mensaje desde Managua

El interés brasileño por invertir en Nicaragua revela las ventajas del TLC
Si no lo ratificamos, podría haber reducción en inversiones y empleos


La noticia no la divulgaron quienes hacen campaña a favor del SÍ al TLC en el referendo del 7 de octubre; se originó en Managua, donde impera un Gobierno de corte izquierdista, amigo de Hugo Chávez y frecuente crítico (aunque también receptor de ayuda) de George W. Bush, y no la transmitió una agencia de prensa estadounidense, sino la francesa AFP. Es decir, ni el más extremista de los dirigentes del NO podría dudar de su certeza. Y el contenido es tan claro como crucial: en un encuentro celebrado el miércoles entre empresarios de Brasil y Nicaragua, con motivo de la visita del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, los sudamericanos manifestaron su interés en aprovechar las ventajas de acceso al mercado de Estados Unidos que ofrece a Nicaragua el TLC, para invertir en nuestro vecino país.

El vicepresidente de la Cámara Nacional de Industria de Brasil, Lucas Soto, fue al grano: “La exploración de las oportunidades del Cafta (como se conoce al Tratado por sus siglas en inglés) es una de las áreas de interés de los industriales brasileños”. Y tan claras como sus declaraciones fueron las del representante del Gobierno sandinista en esa reunión, Álvaro Baltodano, quien calificó la disposición oficial de “aprovechar al máximo” los beneficios del TLC para atraer inversiones de Sudamérica.

Para quienes, desde prejuicios ideológicos, se oponen a la ratificación del Tratado, estos hechos deberían llamarlos a una seria reflexión. Porque no solo los empresarios brasileños (lo cual es perfectamente lógico), sino también los gobernantes nicaragüenses están dando una muestra de realismo que contrasta de manera directa con las arengas, el tremendismo y las exacerbadas falsedades de ese tipo de promotores del NO. Y si, después de reflexionar, mantuvieran su postura, por lo menos deberían revisar su repertorio de argumentos, la mayoría de los cuales no se sostiene frente a lo ocurrido en Managua.

También, quienes, no por prejuicios ideológicos o antiyanquismo, sino por preocupaciones de diversa índole, insuficiente información o miedo al cambio, tampoco favorecen el TLC, o están indecisos sobre su voto, deberían pensar en las implicaciones del hecho relatado. Porque el interés de los brasileños por invertir, y de los nicaragüenses por “seducirlos”, revela una de las múltiples facetas positivas del Tratado, que es la de aumentar la producción, la riqueza y el empleo mediante inversiones no solo de firmas estadounidenses, sino también de terceros países, que se instalarán para aprovechar el acceso seguro al mercado más grande del mundo. Esta ventaja, con mayor razón aún, también la tendrán las empresas ya establecidas en el país, sean pequeñas, medianas o grandes, nacionales o extranjeras. Al contrario, de no aprobarse el TLC, sus posibilidades de acceso abierto a Estados Unidos se pondrían en riesgo, lo cual, más bien, podría estimular su salida.

Por las razones anteriores es que, cuando se habla de la importancia de aprobar el Tratado para garantizar y estimular el empleo, y del riesgo que implicaría no aprobarlo, no se están utilizando argumentos exagerados. Al contrario, son totalmente realistas y contundentes. Por algo, hasta el Gobierno de Daniel Ortega, que tanto pregona la justicia, la equidad, el “antiimperialismo” y su amistad con Chávez y Fidel Castro, apoya el TLC, al menos para su Nicaragua, porque ya sabemos que su actitud hacia Costa Rica ha sido muy diferente: de estímulo a quienes adversan la ratificación.

Pero no solo en materia de inversión, acceso a mercados y empleo, sino también de gobernabilidad, crecimiento, consolidación del Estado de derecho, dinamismo de la economía, aumento en la recaudación y, por ende, más y mejores servicios públicos, el TLC es de gran importancia para el país. El mensaje que nos viene desde Managua es una evidencia más de su trascendencia. Por esto, hay que tomarlo muy en cuenta.

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