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En Guardia Jorge Guardia jguardia@nacion.com Todo parece indicar que a Centroamérica le llegó su hora. Costa Rica no debe quedarse atrás. Las economías marchan bien, hay estabilidad política, y es el mejor momento para profundizar las reformas y combatir la pobreza. Así se expresan, al menos, dos fuentes de lectura obligatoria:Centro América apunta a un crecimiento más fuerte (IMF Survey Magazine, verificable enhttp//imf.org ) y el editorial deLa Nación de ayer, tituladoLogros y retos económicos . Léanlos (tienen carnita). El crecimiento en los últimos 3 años ha sido dinámico (5,2%), influido por la buena coyuntura internacional y el dinamismo de las exportaciones. En el 2007, el PIB crecerá un 5,8%, liderado por Panamá (8,5%), República Dominicana (8%) y Costa Rica (6%). La inflación promedio bajó a un 6% anual (sin el liderazgo de Costa Rica), a pesar del alza del petróleo. Pero la pobreza sigue elevada (48%), superior al promedio de Latinoamérica (39%). ¿Qué sugieren para combatirla? Primero, consolidar el crecimiento, como los países asiáticos. Para ello, debe subir la inversión (financiada con ahorro interno y externo) y mejorar la productividad en todos los sectores, incluyendo el laboral (ojo, sindicatos). Y eso exige reformas importantes, incluyendo liberar mercados y fortalecer las instituciones: calidad y efectividad del Estado; cero tolerancia a la corrupción; gobernabilidad (ojo, PAC); desregular, acelerar y simplificar trámites sin sacrificar el interés público (ojo, Setena y municipalidades); rendir cuentas (ojo, Banco Central) y crear un ambiente propicio para la inversión. También piden disminuir la deuda pública como porcentaje del PIB (en Costa Rica sigue siendo alta, pero el Gobierno no la desea reducir) y fortalecer el régimen de pensiones para evitar que el envejecimiento de la población (más pensionados; menos nuevos contribuyentes) desfinancie los fondos disponibles. Piden aumentar la carga tributaria para sostener las finanzas públicas (que se podría lograr, en mi opinión, eliminando exenciones y ampliando las bases), y reprenden a los bancos centrales por confundir sus objetivos básicos. En vez de concentrarse en estabilizar precios, intervienen en los mercados cambiarios y mantienen inflaciones mayores que las de sus socios comerciales desarrollados, con lo que minan su propia credibilidad. Esas reflexiones me impactaron. Antes, creía en dar a los bancos centrales oportunidad de fortalecer sus monedas y generar estabilidad. Pero, después de ver la manipulación monetaria y cambiaria (con la únicas excepciones de El Salvador y Panamá), pienso que, quizás, todos estaríamos mejor servidos con una moneda común, ligada al dólar o euro.
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