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¡Que se los lleve quien los trajo! Wilbert Arroyo Álvarez santiagoypilar.solera@gmail.com Abogado y catedrático, UCR De todos los tratados comerciales internacionales que ha firmado Costa Rica con otros países, ante la realidad de la globalización, el actual TLC, que tiene en vilo al país, casi guerra civil según algunos sindicalistas, lo es porque en él participa EE. UU., además de los otros países centroamericanos y República Dominicana. A eso se debe la sarta de ofensas, mentiras, proclamas “patrioteras” e izamiento de banderas de conocida ideología “antiimperialista”, como la Cuba del octogenario dictador, con casi 50 años en el poder, la del dictador Hugo Chávez, quien, torciendo el derecho que le permitió asumir el poder, hoy lo usa para perpetuarse, sin asomo de deseo de un traspaso democrático; por igual sendero, no tan luminoso, lo siguen Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y muy cerca Daniel Ortega, quien, aunque no se “apea” la camisa blanca y “arremangada” , a cada momento se lanza con todo tipo de exabruptos contra el Gobierno costarricense y demás autoridades e instituciones patrias, actitudes desafiantes de quien quiere volver a la época de la “revolución sandinista”, que tiñó de rojo a Nicaragua y salpicó de sangre a familias costarricenses, por lograr hacerse del poder en la década de 1970. Esa es la pura verdad de lo que sucede con el TLC: como en un turno, sobran “bombetas”, que se rajan con discursos altisonantes desde desahogados y vitalicios cargos sindicales, que no sueltan ni a palos; los “academicistas”, algunos a quienes solamente mueve la posibilidad de una diputación para, de paso, aumentarse una jubilación en ciernes, y, sin faltar, los “politiqueros” de oficio, que ni cortan leña ni querrán hacerlo, pues nunca han sabido lo que es “bretear” de verdad. Nefastas consecuencias. Lo anterior no deja de preocupar pues, aunque a algunos les parece que se exagera cuando se enlistan las nefastas consecuencias que tendría no aprobar el TLC, lo cierto es que, de ser así, además de contribuir a “agrandar” al sindicalismo perpetuado y corrupto, a los políticos que no distan mucho de los anteriores y a los “académicos” que, como los sindicatos, han cambiado su primaria función de dirigir universidades estatales por el utilizar sus cargos como trampolines políticos, los demás costarricenses, gente sencilla, a quienes han tratado de confundir, podrían ver cómo pierden sus empleos y su única fuente de ingresos. Y lo peor es que, de seguro, por experiencias como las vividas con el abandono de los bananeros, en la década de 1970, si te vi… ni me acuerdo… pues, conseguido el objetivo, a los pobres y la gente que vive gracias al trabajo en las empresas privadas… ¡que se los lleve quien los trajo!
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