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Despertemos, costarricenses


Rodolfo Méndez Mata
Exministro y exdiputado

Los demócratas costarricenses debemos entender que el 7 de octubre, además de la aprobación o rechazo del TLC, también vamos a decidir si seguimos por el camino costarricense o –en caso de un hipotético triunfo del NO– nos embarcamos en una ruta y hacia un destino incierto.

La campaña contra el Tratado se enfocó primero en inventar amenazas para determinados sectores muy sensibles, como los educadores y los agricultores. Así reclutaron a una importante cantidad de voceros, que transmitieron sus mentiras a los más distantes lugares.

Esa campaña de temor y de rumores se difuminó también en una voluminosa producción mediática, con la cual se empezó a asomar la verdadera lucha ideológica que han desarrollado en etapas posteriores: se transformaron en un mecanismo eminentemente político-electoral de izquierda. Ahora ya se quitaron la careta y, bajo el banderín del NO al TLC, se han dedicado a cuestionar –desde el extranjero también– la institucionalidad democrática y del modelo de desarrollo del país.

Origen espurio. Una campaña que sin duda ha sido basada en una poderosa estructura burocrática que cuenta con un generoso financiamiento y apoyo logístico de origen espurio. Ya asomaron sus garras los “Chávez, Ortegas y Fideles” para dirigir, entre bambalinas, la campaña del NO.

Se trata de una estructura que ha operado tan oculta como sus intereses, cuya capacidad y verdaderos propósitos superan temerariamente la cándida carátula que le ofrecen Ottón Solís y su partido, así como algunos sectores de intelectuales y líderes de las universidades estatales.

Ahora que está claro que el debate se convirtió en tema político cuya intención es quebrantar nuestro sistema democrático, quienes defendemos el Tratado no podemos actuar con guantes de seda y circunscribirnos solo a sus alcances técnicos y a sus importantes beneficios económicos y sociales para Costa Rica.

Algunos hemos advertido, desde tiempo atrás, el peligro de que en Costa Rica se llegue a producir una situación similar a las que han llevado a Venezuela, Ecuador, Bolivia y otras naciones a caer en las garras del “neocomunismo chavizta”. Quienes tal cosa procuran, están aprovechando la campaña del NO para aumentar el enojo del pueblo con sus dirigencias democráticas para que, en una futura elección, se cohoneste la implantación de un sistema despótico en el país.

Inventos e insultos. Es evidente que la campaña contra el TLC, dirigida a inventar lo indescriptible y a insultar a políticos demócratas y empresarios honestos que están a favor del TLC, tiene el propósito de debilitar ya no solo a los poderes Ejecutivo y Legislativo, sino también a otras instituciones democráticas, como la Corte Suprema de Justicia, la Sala Constitucional y el Tribunal Supremo de Elecciones.

Las etapas de esa estrategia son claras: su primer objetivo fue el TLC, luego las dirigencias democráticas, luego las instituciones republicanas y, finalmente, lo será el sistema democrático en sí mismo. Por ahora no arremeten contra los medios de comunicación porque les son útiles, ya que necesitan de su “neutralidad” para conseguir su vigencia. Eso vendrá después si llegan a alcanzar el poder.

Así las cosas, el 7 de octubre lo que estará en juego no es la simple ratificación de un tratado de comercio. Decidiremos si continuamos por una senda confiable, democrática y estable o nos lanzamos por una ruta desconocida ajena para los ticos, pero, dolorosamente, implantada en otras naciones, que ilustran con dramáticos detalles lo que le sucede a los pueblos cuando un “iluminado” se apropia de una democracia y, sin más, la hace añicos.

¡Despertemos, costarricenses!

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