 Guillermo Rigondeaux
(AFP)
|
LA HABANA (AFP) -
Los dos boxeadores desertores que llegaron a La Habana deportados desde Brasil se encuentran en una casa del gobierno cubano hasta ahora sin dar declaraciones, lo que alimenta la curiosidad entre la afición por saber lo que pasó.
Guillermo Rigondeaux, bicampeón olímpico en 54 kilos, y Erislandy Lara, monarca mundial en 69 kilos, quienes el 22 de julio abandonaron la delegación cubana en los Juegos Panamericanos de Rio de Janeiro, fueron repatriados el domingo y llevados a una casa de visita, donde tienen acceso a su familia, según las autoridades.
En un artículo publicado el domingo, Fidel Castro aseguró que no serían arrestados, que la prensa podría "contactarlos si ellos desean hacerlo", y que "les ofrecerán tareas decorosas y en favor del deporte de acuerdo con sus conocimientos y experiencia".
"Desde ayer no salgo de enfrente al televisor a la espera de otras noticias, porque no me quiero perder la historia de esos muchachos. El Comandante dijo que la prensa iba a poder conversar con ellos", dijo a la AFP un aficionado del boxeo, en una calle del barrio Vedado en La Habana.
Los púgiles fueron hallados, sin documentos, el pasado jueves en una playa cerca de Rio, y según las autoridades brasileñas declararon que habían cometido un error y estaban arrepentidos. "Dijeron que fueron víctimas de una estafa y que pretenden volver a Cuba en donde, según ellos, son queridos", dijo a la AFP en Brasil el comisario de policía Felicio Laterça.
Cuando la televisión local anunció el domingo la llegada de los boxeadores se refirió a ellos como "desaparecidos de la Villa donde se alojaba la delegación cubana", mientras que el presidente los mencionó como desertores en su artículo, reproducido este lunes en el diario oficial Granma.
"Es un tema complejo, pues ya algunos comentan que si estaban drogados cuando se fueron y cosas así. Además, cuando dieron a conocer que habían regresado se les llamó desaparecidos, no desertores, habrá que ver qué cuentan los muchachos", apuntó un jubilado de 67 años.
Castro también se refirió al hallazgo de los púgiles como una noticia que "no es desalentadora" y apuntó que ellos se negaron a recibir a un alemán que cumplía "instrucciones de la empresa mafiosa", en referencia a la empresa alemana Arena Box Promotions, que había anunciado la contratación de los boxeadores.
"Qué cosa quiere decir desaparecidos, como que se extraviaron, no se fueron, yo me quedé botada, dijeron que están en casa de visita, después de tanta bulla que hicieron. Ya ellos aquí no son nadie, pienso que allá (en Rio) no les tiraron el cabo que pensaban", dijo una trabajadora doméstica de 61 años, residente del barrio La Lisa.
El politólogo brasileño David Fleischer estimó que la deportación selló un caso que pudo haber enturbiado la relación bilateral, en tanto que el escritor Elio Gaspari criticó que las autoridades en Brasil no hubieran facilitado que la prensa entrevistara a los cubanos antes de deportarlos.
El caso de Rigondeaux es un duro golpe para el boxeo cubano, pues se quedó sin campeones olímpicos en activo, después que otros tres monarcas desertaron en un entrenamiento en Venezuela y fueron contratados por la Arena Box.
"Nos quedamos sin campeones olímpicos de boxeo de la noche a la mañana, porque me imagino que por muy arrepentidos que estén y por mucho que los quieran ayudar, no vuelvan a darle la confianza de estar en el equipo nacional", dijo un hombre de 50 años en una cafetería de La Habana.
Muchos están resentidos. "Yo no sé ni cómo viven ellos en Cuba, ni cuáles son sus necesidades, pero como quiera lo que hicieron fue una basura, porque al menos si hubieran ganado sus medallas y después se hubieran ido", comentó una ama de casa de 35 años.
|