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¡Prudencia, Costa Rica! El grueso de la población está unido por el amor a Costa RicaAlberto Ulloa Castro aulloac@yahoo.com Ingeniero químico Ante el referéndum del 7 de octubre, miro con honda preocupación el peligrosísimo abismo que estamos creando en nuestra sociedad. Casi todos los días me llegan documentos estigmatizando a los promotores del SÍ o del NO, con simplificaciones exageradas de un tema tan profundo y complejo como el TLC. Las bibliotecas están llenas de casos similares que han terminado con dolor y sufrimiento. Haciendo a un lado evidentes grupos de interés que existen en cada bando, me atrevo a decir que al resto de la sociedad nos une un común denominador: nuestro amor por Costa Rica. Por favor, tengamos esto presente al discutir el tema: todos tenemos derecho a cuestionarnos, debatir y tomar posición. Debemos respetar y tolerar a quienes piensen diferente; este país se ha construido a través de la libre discusión, análisis y contraposición de ideas. Ya no existe. Nos toca a los ciudadanos resolver un impasse producto de una incapacidad creciente del Congreso para representarnos, incapacidad que ha sido la norma y no la excepción en los últimos tres gobiernos. El TLC es la punta del iceberg, debemos repensar la estructura misma del gobierno, que está diseñada para manejar una sociedad simplificada en demasía, que ya no existe. Nuestra sociedad está hoy conformada por una pluralidad creciente de significados, valores, alternativas, en la que múltiples y distintas perspectivas tienen validez y, por lo tanto, se deben respetar. No existe realmente una única verdad, un progreso lineal y un único destino; priman las avenidas múltiples, la fragmentación, la discontinuidad. Esta complejidad simplemente desborda la capacidad del gobierno y del congreso, tal y como hoy están concebidos, de representarnos. Civismo. En este nuevo entorno y ante una decisión discreta como el TLC, apelo respetuosamente al civismo de los líderes de opinión y de los medios principales de comunicación: promuevan el debate y propicien los foros para una discusión profunda. Las simplificaciones exageradas generan precisamente desconfianza: SÍ al TLC y NO al TLC no significan nada; un debate televisado, con las máximas figuras discutiendo los puntos más álgidos, logrando un voto razonado, significaría muchísimo y sería el digno reflejo de una sociedad madura. Nos corresponde a los ciudadanos ejercer el derecho al voto y respetar profundamente el resultado, aun si no es el esperado. El Gobierno, encabezado por un premio Nobel de la Paz, los medios de comunicación y las máximas figuras del SÍ y del NO, deben tener la madurez y el amor por la patria para asegurarnos que esta jornada va a concluir con una aprobación o un rechazo del TLC ejemplarizante, firmado con ideas y no con sangre.
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