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Banco Central en deuda El aumento incontrolado de la oferta monetaria tiene consecuencias inflacionariasEdwin A. Zamora Bolaños edwinzamora@gmail.com Consultor y profesor univers. En los últimos 20 años, mientras funcionó el sistema de minidevaluaciones del Banco Central, esta institución afrontó el gran problema que implica, desde la teoría económica, controlar la oferta monetaria y mantener un tipo de cambio fijo. Y es que las minidevaluaciones implicaron en el fondo mantener un tipo de cambio fijo, aunque con devaluaciones periódicas. Esto obligaba al Banco a comprar o vender, al precio del tipo de cambio vigente, cualquier cantidad de dólares que se transara en el mercado. Como consecuencia, ante un ingreso de dólares del exterior, al Central le era imposible controlar la cantidad de colones cambiados lanzados al mercado, con el consiguiente aumento en la oferta monetaria. Como es bien sabido, por lo menos desde el punto de vista teórico, el aumento incontrolado de la oferta monetaria tiene consecuencias inflacionarias. Ante este panorama, y unido a la irresponsabilidad fiscal antes y durante dicho período, el Central enfrentó la necesidad de reducir el exceso de dinero que circulaba en la economía mediante la emisión de los llamados Bonos de Estabilización Monetaria (BEM) que, pese a su estilizada denominación, son en la práctica simples instrumentos de deuda. Como resultado de estas medidas, el Banco ha mantenido déficit financieros desde tiempos que parecen inmemoriales. Este déficit llegó a representar, en el 2006, 1,16% del PIB nacional, nivel superior inclusive al del propio Gobierno Central, cuyo déficit fue del 1,07%. Gran desilusión. Con el nuevo sistema de bandas cambiarias había esperanza de que buena parte de la presión que enfrentaba el Central por comprar y vender dólares a precio fijo, y las consecuencias en términos de inflación y deuda que eso representaba, fueran liberadas, y que más bien el mercado absorbiera, vía apreciación del colón, este efecto. No obstante, la desilusión ha sido grande. Desde octubre del 2006 a la fecha, período en el que ha regido el sistema de bandas cambiarias, el Central ha sido férreo participante en el mercado de divisas. Así, ha sido responsable de la compra del 42% de dólares en el mercado, suma que representa unos $1.327 millones al 20 de julio del 2007. Estas intervenciones se han dado para mantener artificialmente el tipo de cambio dentro de las bandas establecidas. En la práctica, esto ha llevado a que el tipo de cambio de compra se ancle en límite inferior y permanezca prácticamente inmóvil. El asunto está más que claro: el resultado final de todo este proceso de mal llamada liberalización cambiaria ha sido un regreso vedado al anterior sistema de tipo de cambio fijo, con las lamentables consecuencias que en términos de presiones inflacionarias y deuda acarrea. También, las autoridades monetarias han equivocado el diagnóstico de la situación, atribuyendo las presiones por la apreciación del colón y la consecuente necesidad de intervención, a ataques especulativos, cuando en realidad Costa Rica enfrenta desde hace varios años procesos de inversión en el campo inmobiliario y un constante flujo de divisas por concepto de turismo que están en el fondo del exceso de dólares en la economía. De igual forma, es de esperar que el comportamiento de estos sectores se mantenga en el corto y mediano plazo. Rendimientos negativos. Lo anterior resulta preocupante ya que, si el Central sigue insistiendo en sostener el tipo de cambio vía intervenciones en el mercado, estaría más bien contribuyendo a agravar los problemas de deuda e inflación ya mencionados. Esto, desde luego, sin entrar a profundizar en las consecuencias que, en términos de gasto interno y presiones inflacionarias, implican los rendimientos negativos en las inversiones financieras actualmente impulsadas por el propio Banco Central. Dentro de este contexto, está por finiquitarse el proceso de traspaso de deuda del Banco al Gobierno Central, mediante el cual las autoridades gubernamentales esperan precisamente mejorar la capacidad de la autoridad monetaria de llevar a cabo sus funciones como garante de la estabilidad interna y externa de la economía. Esta medida en el fondo implica que todos los costarricenses tendremos que hacernos cargo de la deuda acumulada por el Banco Central durante tanto tiempo, renunciando con ello, además, a la posibilidad de realizar más inversiones en campos tan necesarios y rezagados como la infraestructura vial, la salud y la educación. No obstante, este sacrificio podría resultar infructuoso si no se atacan seriamente las causas que están en el fondo del déficit del Banco Central, como en este caso, un tipo de cambio sostenido artificialmente.
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