Búsqueda
Avanzada
Domingo 05 de agosto, 2007
San José, Costa Rica.

Publicidad
  Servicios | Archivo | Escríbanos | Fax gratis | Nacion.com en PDA, celular, e-mail,  

Noticias
Nacionales
Sucesos
Deportes
Internacionales
Economía
Aldea Global
Week in Review
Copa América 2007
Mercado de jugadores de la Primera
Sitio de Mapas

Editoriales y Opinión
Opinión
Cartas
Xpresiones
Chats
Foros
Obituario

Ocio y Cultura
Viva (Entretenimiento)
Áncora (Cultura)
Caja de Cambios (Motores y transporte)
Tiempo Libre
Teleguía
Proa (revista dominical)
La Nación en Imágenes
Cinemanía
Tarjeticas
Horóscopo
Crucigrama
Calendario 2007

Especiales Noticiosos
Nueva ley de Migración
Conferencia mundial sobre sida 2006
Mundial 2006
Elecciones 2006
Especial Escogiendo Escuela
Listado Completo

Educación y Ciencia
Zurquí (Niños)
Tribuna del Idioma

  Otros formatos
nacion.com en su PDA
nacion.com en el celular
nacion.com en formato
Noticias por e-mail

Quiénes somos
Teléfonos, fax y direcciones de La Nación
Preguntas frecuentes nacion.com
Ver edición más actual de nacion.com
Equipo de nacion.com
Emails de Redacción
Trabaje en Grupo Nación

Noticias Nacionales:

Foto Principal: 1679938
Los 21 alumnos de la escuela El Volcán están preparados para huir hacia un sitio seguro en caso de una eventual erupción.
Carlos González

Adultos y pequeños se preparan para lo peor


Nicolás Aguilar R.
naguilar@nacion.com

Todos están advertidos y, desde hace varias semanas vienen recibiendo capacitación para enfrentar, de ser necesario, lo peor.

Un foco, pilas nuevas, y una maleta con ropa lista, son algunas de las previsiones que toman vecinos de las faldas del volcán Turrialba ante la posibilidad de una repentina erupción.

Oficiales de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) visitan con frecuencia poblados cercanos al coloso para recordar que “el volcán está activo” y no “muerto” como, hasta hace poco, pensaban los lugareños.

“Yo tengo miedillo pero nos han preparado bien. Tenemos mascarillas para mis alumnos”, afirma la maestra de la escuela El Volcán –a 5 kilómetros del volcán– Marta Iris Solís Segura.

Según dice, incluso han realizado varios simulacros de evacuación y “tenemos zonas de seguridad bien definidas”.

“Los chiquillos detectan los cambios en el volcán. Se ponen nerviosos cuando ven más altas las fumarolas o cuando tiembla. Hablan de los pastizales quemados y se ponen inquietos”, añade.

Aunque reconoce no estar acostumbrada a una situación como esta, Solís, de 41 años, tiene muy claro los pasos a seguir en caso de una erupción del Turrialba.

“Si pasa algo, la gente de la Comisión de Emergencias nos manda un carro, monto a mis alumnos y nos vamos soplados para Santa Cruz. No podría esperar a los padres, tengo que ponerlos a salvo a como dé lugar”, afirma.

Otros vecinos de poblados situados en las faldas del volcán, que según la CNE serían duramente golpeados en caso de una erupción, procuran llevar una vida normal junto a sus siembras de papa, sus vacas y sus chanchos.

“Nos dijeron que hay que tener un foco, agua y algo listo por si acaso. Pero no pienso irme porque allá abajo –en el centro de Turrialba– no tenemos nada que hacer, nos moriríamos de hambre”, exclama Manuel Garita Gómez.

Cerca del peligro. Más allá, a pocos metros del puesto de los guardaparques, a 2 kilómetros del macizo, Ana Pereira, su esposo, Alfredo Coto, y sus cuatro hijos, cuidan una lechería.

Es la familia más cercana al volcán y, la semana anterior, sintieron “varios temblores”. Peor no pueden marcharse.

“Yey nosotros no nos podemos ir, este es nuestro trabajo. En caso de una emergencia nos sacarán en un carro de los guardaparques porque ellos están cerquita. Tengo una ropilla lista por si acaso”, expuso Pereira.

Sala de Redacción
Latinoamérica Ya
Mundo Ya
Deportes Ya
Gente Ya
Nuevas Tecnologías


Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo


Suplemento inmobiliario M
Tarifario Grupo Nación
Suplemento comercial Mano a mano
Anúnciese en nacion.com
Suscríbase a La Nación
El Empleo.com
Economicos.com


Obituario
Diario Oficial La Gaceta