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Foto Principal: 1681555
En las faldas del volcán Turrialba la vida de los lugareños parece transcurrir en calma.
Carlos González
Volcán continúa en creciente actividad

Gases volcánicos enferman a los vecinos del Turrialba

Lugareños no tienen miedo pero aseguran estar listos para “cualquier cosa”
Escolares cuentan con mascarillas y serían los primeros en ser evacuados

Nicolás Aguilar R.
naguilar@nacion.com

Volcán Turrialba. Dicen no tener miedo porque “aquí somos muy hombres”, pero reconocen que la situación cambió aceleradamente y, desde la semana anterior, se despiertan por las noches “con mucha tos, resequedad en la garganta y los ojos llorosos”.

“Uno se siente raro y hay que correr a la pila para tomar agua”, afirma Armando Coto Zúñiga, de 27 años y quien ve al macizo como “un hermano porque crecí junto a él y nunca me hizo nada malo”.

Pero el pasto quemado de los potreros donde acostumbra llevar su ganado y el penetrante olor a azufre, que percibía tiempo atrás solo ocasionalmente, lo mantienen alerta y exclama: “Siento que algo malo va pasar pero no puedo hacer nada”.

Al igual que este campesino, otros vecinos de un sector conocido como La Picada –al pie del volcán– sufren problemas de salud cada vez más reiterados.

Sin embargo, ellos rehúsan marcharse al alegar que no tienen adónde ir con sus animales y sus bienes.

El hermano de Armando, César, de 23 años, es el único lugareño que decidió sacar a su esposa, María Yesenia Sánchez, de la zona. “Lo hice porque tiene siete meses de embarazo y dicen que estos gases son muy malos”.

“La cosa se pone más fea de noche y en las madrugadas. Me despierto ahogándome”, insiste César, mientras corre para cerrar un portillo donde apastan vacas y corretean varios chanchos; gordos y lentos, los cuales confía vender “para tener platilla en caso de cualquier emergencia”.

Otros vecinos también tienen tos y sufren de una reiterada irritación en los ojos pero no le dan mucha importancia.

“Todo ha ido cambiando pero no tenemos miedo”, asegura Armando, sin dejar de mirar la rocosa ladera del activo volcán.

“Allí antes todo era verde pero ahora está todo quemado”, indica.

Según expertos, esos problemas de salud son causados por gases volcánicos como el dióxido de azufre (SO2), dióxido de carbono (CO2), sulfuro de hidrógeno (H2S), cloruro de hidrógeno (HCl) y el fluoruro de hidrógeno (HF), cuya emanación va en constante aumento en las cercanías del Turrialba.

“Efectos similares se han observado en las inmediaciones del volcán Poás durante períodos de mayor emisión de gases y partículas volcánicas, picazón, irritación de ojos, nariz y boca, así como tos y asma”, comentó María Martínez, geoquímica del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), de la Universidad Nacional.

Martínez advierte que en casos severos, la inhalación de dichos gases, especialmente de dióxido de carbono, puede provocar incluso “adormecimiento y muerte de animales y humanos”.

Los vecinos del coloso no saben nada al respecto y, hasta el martes, procuraban seguir una vida relativamente normal junto a sus cultivos de papa, zanahoria y repollo, sus vacas, toros y chanchos.

Ese es el caso de Wálter Ulloa Pereira y Jorge Espinoza Durán, ambos de 23 años y vecinos de La Silvia. Ese sector, según la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), se vería seriamente afectado en caso de una repentina erupción.

Tienen las mejillas rosadas, típico de los habitantes de esta elevada y fría región del noroeste de Turrialba, que se levanta a 3.340 metros sobre el nivel del mar.

“La verdad es que han dicho muchas cosas del volcán pero no las tomaba en serio. Me compré un foco por si pasa algo de noche”, añade Ulloa.

Otros, como Manuel Garita Gómez, de 57 años, quien apuraba a dos de sus hijos para terminar la siembra de papa, cree que “le han hecho mucha bulla al volcán”.

“Si yo tuviera miedo no estaría sembrando la tierra, máxime ahora que sale tan caro hacerlo. Creo que han exagerado las cosas. Yo no me voy de aquí jamás, ese volcán no nos ha hecho nada”, exclama.

Dos expectativas

‘Los chiquillos se asustan mucho’

nombre: Marta Iris Solís

edad: 41 años

Relación: Maestra

“Los chiquillos se asustan cuando ven las fumarolas saliendo del volcán. En caso de una erupción nos mandarán un carro y me los llevo lejos, lo más rápido posible, a todos mis alumnos”.

‘El volcán está enojado’

nombre: Oscar Méndez M.

edad: 66 años

Relación: Agricultor

“El volcán está enojado porque llega mucha gente a verlo. Hacen mucha bulla. Yo nunca me iré, de por sí el de arriba manda”.

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