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Toma de conciencia


Patricia Fumero
pfumero@ice.co.cr
Historiadora

La identidad solo se construye en relación con el otro, bien lo estableció Freud hace tiempo cuando explicaba que la mutua identificación entre miembros de una comunidad –nacional o regional– se logra ante la hostilidad o amenaza común, sea está hecha por algo o alguien. De allí que las demandas populares o democráticas también cohesionen. Así, no se puede hablar de la identidad como un hecho consolidado, sino como un proceso en constante formación; por tal motivo nunca se puede perder.

En el caso costarricense, a mediados del siglo XIX, no existía una identidad nacional como la concebimos hoy día. Luego de lograr su independencia en 1821, Costa Rica era una joven república cuyas diferencias políticas por la organización del país eran similares al resto de Centroamérica; consecuentemente se aglutinaron grupos alrededor de intereses de las élites locales en competencia, lo cual devino en una lucha fraticida cuando los bandos se enfrentaron en la Batalla de Ochomogo (abril de 1823). Posteriormente las mismas diferencias, esta vez relacionadas con la sede del Gobierno, produjeron un nuevo enfrentamiento que llevó a la Guerra de la Liga (set.-oct. de 1835). Se traen a colación ambos hechos políticos al ser fundamentales para entender la formación de la sociedad costarricense caracterizada hasta ese momento por luchas localistas que lograron cohesionar identidades locales, aunque no nacionales.

Una nueva forma de lucha se afrontó cuando el avance filibustero capitaneado por el estadounidense William Walker (1824-1860) hace que el Gobierno de la República de Costa Rica le declare la guerra en febrero de 1856 y se organice para enfrentar la amenaza que representaba. Así, por primera vez, la sociedad costarricense, en su totalidad, aúna esfuerzos para revolver una amenaza común. Cabe enfatizar que para este momento las élites habían iniciado un proceso que buscaba diferenciar a Costa Rica del resto de Centroamérica.

Son precisamente estos motivos los que llevan a los liberales decimonónicos a individualizar y nacionalizar la Campaña Nacional con el objetivo de brindar –conscientemente– un elemento aglutinador de la identidad nacional hacia fines del siglo XIX. Sin embargo, la identificación de cada uno/a de los/las miembros de la sociedad con la comunidad imaginada es un proceso que tuvo que esperar para afianzarse en el imaginario colectivo hasta inicios del siglo XX, cuando la expansión del sistema educativo posibilitó que la mayoría de los integrantes de la sociedad interiorizaran una historia común y los símbolos y signos que representan lo costarricense.

Recuperar para la memoria colectiva la sesquicentenaria Campaña Nacional permite a los costarricenses tomar conciencia de la capacidad que se obtiene cuando la sociedad se une para enfrentar un enemigo común, sea cual sea. Este es uno de los motivos por el que la Campaña Nacional hoy se ha constituido en un horizonte alrededor del cual se articula una pluralidad de demandas populares y democráticas que evidencian la separación existente entre el pueblo y las élites en el poder. ¿Será por este motivo por lo que no se ha conmemorado la defensa de la patria del invasor extranjero?

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