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EDITORIAL

Dos serenos mensajes

Con sencillez y solidez, Franklin Chang ha razonado su posición a favor del TLC
Con apego al cristianismo, el obispo San Casimiro ha pedido respeto en la discusión


En días sucesivos, dos personalidades nacionales se han manifestado en torno al TLC de una forma reposada, fundamentada y ejemplar. Al hacerlo, han introducido un necesario elemento de serenidad en la discusión nacional sobre el Tratado. Además, han dado un tapabocas a quienes atizan el odio y la confrontación de cara al ejercicio de responsabilidad ciudadana que es el referendo del 7 de octubre. Por esto, todos los costarricenses debemos agradecer al astronauta y físico Franklin Chang y al nuevo obispo de Alajuela, Ángel San Casimiro, por sus palabras.

El miércoles, sin aspavientos, y ante una pregunta formulada durante la celebración del Día Nacional de la Ciencia, en la Universidad Nacional (UNA), Chang manifestó que, el 7 de octubre, votará por el SÍ al TLC. En su respuesta, y en otras que dio durante una entrevista conLa Nación , horas después, no asumió poses de “salvador de la patria” ni se dedicó a infundir temores. Al contrario, sus argumentos fueron de una tranquilidad y sentido común que, sin duda, servirán para que muchos ciudadanos que aún no se han decidido, puedan hacerlo.

Para Franklin Chang, tal como había dicho al presentar el informe de la “Comisión de notables” sobre el Tratado, de la que formó parte, el TLC no es una panacea, sino un “instrumento de comercio exterior”. Sin embargo, constituye una excelente oportunidad, que el país debe aprovechar “en forma solidaria”, lo cual, obviamente, depende de muchas otras políticas, varias de las cuales ya están en marcha, como mejorar nuestra educación, incrementar los programas sociales, abrir créditos y capacitación a los micro-, pequeños y medianos empresarios y agricultores, mejorar las telecomunicaciones y fortalecer a la Caja Costarricense de Seguro Social, entre otras.

Pero, además de resaltar las ventajas del SÍ, Chang fue realista al alertar sobre los enormes riesgos de quedarnos fuera del Tratado, “porque las cosas han cambiado. Incluso la región centroamericana es diferente a la de hace un año, cuando no teníamos TLC… Tenemos que adaptarnos a esos cambios”. Y añadió posteriormente: “Vivimos en un planeta que está interconectado y ya no tenemos más remedio que jugar este juego. O nos vamos a otro planeta…” Es decir, el SÍ es una inteligente apuesta por un mejor futuro, y el NO sería hundirnos en el aislamiento, sin posibilidades de regreso.

Junto a su clara opción positiva, Chang desplegó una actitud muy costarricense, pero que muchos parecen haber olvidado: el respeto por los demás. De aquí una de sus frases más destacables: “Lo que quiero es instar a los ticos a que estudien el tema y no dejar influenciarse. La decisión es personal y es un momento importante para la democracia”.

Es en este contexto donde encaja el mensaje del obispo San Casimiro, en la homilía del 2 de agosto, en Cartago. Como pastor, su toma de posición fue por la concordia nacional: “No desautoricemos, no insultemos a quienes piensan distinto; todos anhelamos un mejor futuro para nuestro país”, dijo, e invitó a los costarricenses a participar en el referendo y a aceptar con tolerancia el resultado.

Nos alegran estas palabras de mesura; también, que el rector del Instituto Tecnológico de Costa Rica y principal dirigente público de la campaña del NO, Eugenio Trejos dijera estar dispuesto a “plegarse” a ellas. Porque, justamente, pocos días atrás, en un debate celebrado en San Isidro de Heredia con el segundo vicepresidente de la República, Kevin Casas, Trejos hizo gala de un grado de violencia verbal, irrespeto a las instituciones y promoción del odio totalmente contradictorios al ruego de San Casimiro.

Esperamos que tanto el ejemplo de Chang, al razonar con serenidad y solidez su voto por el SÍ, como el llamado de San Casimiro, en pro del respeto a los que piensan distinto, calen en todos. Recordemos que, tras el 7 de octubre, el país debe seguir adelante. Y esto no podrá lograrse desde el odio y el descrédito a las instituciones, sino desde la apertura, el diálogo, el respeto y la confianza en el futuro.

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