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Comentario del evangelio: ¿Hay un tener sin sentido?



Hoy estamos ante un texto que nos alecciona en torno a la cuestión acerca del recto uso de los bienes. Un tema que, en un contexto como el nuestro aparece ante nuestra mirada como sumamente urgente.

Al inicio de la perícopa de hoy, Lucas nos hace ver a Jesús rehuyendo disputas familiares acerca de cuestiones de dinero. Es sabido que la Mishnah tiene una sección sobre herencias que orientan acerca del tema en arbitrajes, pero el Señor no desea involucrarse en asuntos de esa índole. Todo lo contrario. Se dirige a quien le consulta de un modo seco y directo y renuncia a referirse al conflicto sobre el que se le consulta.

A renglón seguido, Jesús continúa su enseñanza y lo hace retomando en cierta forma el tema anterior, mas lo hace para advertir.

En la línea de la polémica con los falsos maestros, que pecaban de avariciosos con frecuencia, el Señor es claro al indicar –con la fuerza adicional que brinda el texto griego– que de la abundancia de bienes materiales no surge necesariamente la vida auténtica y valiosa.

Pasa así a reforzar lo dicho. Y se vale Jesús de una parábola. Es así como leemos la célebre narración que algunos llaman “del rico insensato” y que nos muestra un individuo necio, cuyos intereses egoístas llegan a borrar de sus prioridades a Dios y al prójimo. Un hombre que, llamado a cuentas, luego de decidirse por la vida disoluta y del tener sin más, se dará cuenta muy pronto de su situación real.

El lector de la parábola que hoy nos ocupa se ve forzado a llegar a plantearse una pregunta esencial, tal vez la más radical que alguien se puede plantear: ¿cuál es el sentido de la vida? O bien, ¿cuál es el gran por qué que anima cada cómo? Y ciertamente, la respuesta no puede ser formulada ni desde circunstancias episódicas ni experiencias momentáneas por más decisivas que parezcan de entrada.

El evangelio de hoy nos ayuda a responder a esta cuestión. La vida plena de sentido es capaz de reconocer a Dios como Dios y de generar una praxis vital que lo refleje. Y en segundo lugar, un espíritu solidario a toda prueba que nos permita relativizar el tener por el tener.

Juan Pablo II en el 2004 decía: “El verdadero sentido de la existencia se encuentra en la adhesión a Jesús ‘Camino, Verdad y Vida’. Sólo él tiene palabras que dan vida, llaman a la existencia, muestran el camino y consuelan los corazones desilusionados, infundiendo nueva esperanza… Sólo en Él encuentra sentido y paz nuestro corazón”. Más claro, ¡ni el agua! Depende de nosotros andar por vías movedizas y desoladas o bien, por rutas llenas de certeza y compañía fraterna.

Mauricio Víquez Lizano, pbro.

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