 Reunión de dirigentes iraquíes en Bagdad
(AFP)
|
BAGDAD (AFP) -
Los dirigentes iraquíes quieren tener una reunión de crisis esta semana para intentar poner fin a los enfrentamientos que minan la coalición gubernamental y comprometen la reconciliación del país, arrasado por cuatro años de violencia.
El primer ministro iraquí, el chiita Nuri al Maliki, el presidente del país, el kurdo Jalal Talabani, y el vicepresidente, el chiita Adel Abdel Mahdi, se reunieron el domingo para estudiar el regreso a la frágil coalición gubernamental de los representantes sunitas, cuyos seis ministros dimitieron el miércoles.
La reunión se llevó a cabo sin la presencia del otro vicepresidente, el sunita Tarek Al Hachemi, y del presidente de la región autónoma del Kurdistán, Masud Barzani.
En una señal de apertura, Maliki se negó el domingo a aceptar la dimisión de los seis ministros del Frente de la Concordia Nacional (sunita) y prometió dar una respuesta a sus preocupaciones.
Sin embargo, según declaró a la AFP un portavoz del Frente sunita, "por el momento (el partido) no tiene intención de cambiar de posición sobre las dimisiones".
"No consideramos necesario formar parte del gobierno. La puerta del diálogo está abierta, incluso si estamos fuera del gobierno", subrayó.
Los seis ministros del Frente --el principal bloque sunita del parlamento, con 44 de los 275 escaños-- anunciaron sus dimisiones tras un mes de desacuerdos entre sunitas y chiitas y boicot del ejecutivo.
El domingo, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, reiteró el apoyo de Estados Unidos al gobierno de Maliki, aunque afirmó que se requerían esfuerzos adicionales.
"Hemos sido muy claros (...) pensamos que ellos deben trabajar todavía más duro", dijo Rice a la cadena de televisión Fox News, a la vez que precisó que la necesidad de actuar era "urgente".
Por su parte, el secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, declaró a la cadena NBC News que los esfuerzos de reconciliación nacional en Irak eran "decepcionantes".
Consultado por la posibilidad de tener que revisar la estrategia de su país en Irak si Bagdad no adopta las reformas necesarias, Gates comentó: "Pienso que deberemos hacerlo".
Desde la invasión del país en 2003, Irak está azotado por la violencia interconfesional que ha causado decenas de miles de muertos.
En 2006, el primer ministro formó un gobierno de coalición y prometió la reconciliación nacional. Sin embargo, ese objetivo se ha visto constantemente entorpecido por las rivalidades internas, sobre todo entre sunitas y chiitas.
Estos últimos acusan a los sunitas --en el poder bajo la dictadura de Saddam Hussein-- de apoyar a los grupos de rebeldes que cometen atentados.
Por su parte, los sunitas acusan a los chiitas de organizar ataques y campañas de arrestos en las localidades y barrios sunitas del país.
Esas diatribas condujeron esta semana a la coalición gubernamental al borde de la ruptura con la decisión de dimitir de los seis ministros sunitas.
Al rechazar su dimisión, el primer ministro se esfuerza en salvar el gobierno en un momento en que, además, el parlamento iraquí decidió a principios de semana mantener sus vacaciones pese a la presión de Estados Unidos.
"Es un gran desafío para el gobierno y pienso que de una cierta forma, es el momento de la verdad, para saber cómo pueden solucionar ese problema particular", comentó el domingo un diplomático occidental.
Esta fuente no descartó que la situación pueda empeorar en un futuro próximo, con una posible salida del gobierno del vicepresidente Tarek al Hachemi.
|